El renacimiento del acero en Talcahuano: La estrategia de Chile para fabricar sus propias fragatas y transformar su matriz productiva

Durante décadas, la receta para renovar la flota marítima de Chile parecía invariable: mirar al extranjero, buscar buques usados en el mercado internacional y adaptarlos a las necesidades locales. Sin embargo, la actual Política Nacional de Construcción Naval 2025-2040 busca romper definitivamente con esa inercia histórica. La apuesta ya no es solo de defensa, sino que se perfila como la mayor oportunidad de reindustrialización y soberanía tecnológica que ha visto el país en el siglo XXI.

A través de una columna titulada El Futuro de la Construcción Naval en Chile, el almirante en retiro Juan Andrés De La Maza —quien comanda la vicepresidencia del Comité de Construcción Naval de Corfo— detalló los números y la hoja de ruta de una estrategia estatal que pretende convertir la necesidad de renovación de naves en un motor de desarrollo de largo plazo.

El respaldo de la ciencia: La construcción local es más rentable

La viabilidad de este plan dejó de ser una aspiración teórica para sustentarse en datos duros. Un riguroso estudio encargado a la Facultad de Ingeniería de la Pontificia Universidad Católica de Chile (PUC) sepultó el mito de que fabricar en Chile es un gasto ineficiente.

Las conclusiones de la PUC son categóricas:

  • Mayor rentabilidad social: Construir los buques en los Astilleros y Maestranzas de la Armada (Asmar) es un 12% más rentable socialmente que seguir adquiriendo barcos de segunda mano.
  • Ventaja internacional: Fabricar en territorio nacional es un 32% más rentable que mandar a construir las naves íntegramente al extranjero.
  • Retención de riqueza: Mientras que la construcción en astilleros foráneos solo deja un 4% de la inversión en Chile, el modelo local permite retener cerca del 29% del capital en el país.

Esta inyección de recursos no se diluye en burocracia. El informe estima que la construcción nacional generará cerca de 950 empleos anuales y sumará unos USD 25 millones de dólares cada año a tareas de investigación, desarrollo e innovación (I+D+i), lo que equivale a elevar en un 2% el gasto total del país en ciencia y tecnología.

Romper la discontinuidad: La oportunidad del encadenamiento local

Históricamente, la industria naval chilena ha sufrido por la falta de una demanda estable. La Hoja de Ruta que Corfo publicará en junio de 2026 busca solucionar este problema estructural transformando las necesidades del Estado en una demanda continua y predecible.

«Esta política no fue concebida exclusivamente como una política de defensa, sino como una política de desarrollo productivo, tecnológico y de articulación público-privada». — Juan Andrés De La Maza, vicepresidente del Comité de Construcción Naval de Corfo.

El potencial de crecimiento para las pymes nacionales es inmediato. En 2024, el sector registraba 718 empresas activas y 6.484 empleos directos, concentrados principalmente en Asmar y Asenav. Dado que el 84% del valor de una embarcación corresponde a insumos y servicios, y que actualmente el 80% de ellos son importados, la meta es que los proveedores metalmecánicos y tecnológicos locales comiencen a sustituir esas importaciones.

Escotillón IV, fragatas y la urgencia del recambio pesquero

La envergadura del proyecto se sostiene en una demanda que supera los límites de la Armada. Hacia el año 2036, se proyecta la incorporación de 1.900 empleos directos adicionales al sector gracias a tres grandes fuentes de tracción:

  1. La renovación militar: El Plan Nacional Continuo contempla el proyecto Escotillón IV en Asmar Talcahuano, que ya avanza en los dos primeros buques multipropósitos (los LSD Magallanes y LSD Rapa Nui) de un total de cuatro, sumado a la renovación de ocho fragatas cuyos plazos críticos expiran en 2031.
  2. El Plan de Barcazas del MOP: Contempla 27 licitaciones entre 2026 y 2030, con un presupuesto anual estimado de USD 68 millones.
  3. La obsolescencia pesquera: La flota pesquera industrial chilena promedia una edad de 37,6 años (el 85% supera las tres décadas). Esto obligará a renovar cerca de 34 naves en los próximos diez años.

A esto se suma el desafío del retrofitting energético: más de 1.000 naves operativas en Chile deberán ser intervenidas y modificadas estructuralmente para cumplir con las metas de descarbonización de la Organización Marítima Internacional (OMI) de cara al 2050.

Gobernanza e impacto en los territorios

Para coordinar este gigante industrial, la nueva institucionalidad creó un Comité de Construcción Naval que sienta en la misma mesa a los ministerios de Economía y Defensa, la Armada y Corfo. Además, cuenta con un Consejo Asesor donde participan desde la academia (como la Universidad Austral) hasta los sindicatos de trabajadores de Asmar, asegurando que el diseño tenga pertinencia social.

El despliegue ya comenzó a mostrar sus primeros frutos financieros y políticos. En noviembre de 2025 se adjudicaron USD 2,3 millones (con un aporte de USD 1,3 millones de Corfo) para desarrollar proveedores tecnológicos en Valdivia y Puerto Montt. Paralelamente, los gobernadores de Valparaíso, Biobío, Los Ríos, Los Lagos y Magallanes ya han comprometido recursos y focalización estratégica para que sus regiones se suban a la ola de esta nueva era industrial pesada.

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