En el silencioso ecosistema de las rocas y grietas submarinas de la Región del Biobío, ocurre una guerra microscópica. El biólogo marino Kenneth Palma, recién titulado de la Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC), se sumergió en las aguas locales para desentrañar los secretos de un enemigo tan fascinante como devastador: el Peltogasterella gracilis, un parásito del orden de los rizocéfalos que convierte a los cangrejos ermitaños (Pagurus edwardsii) en huéspedes involuntarios de su propia destrucción.
Hasta ahora, la ciencia chilena casi no tenía pistas de este organismo; el único registro databa de 2002 en Cocholgüe. Sin embargo, la investigación de Palma —guiada por el Dr. Mario George-Nascimento y codirigida por la Dra. Sara M. Rodríguez— no solo actualizó su mapa de ruta, sino que reveló el perturbador impacto que tiene sobre sus víctimas. Sus hallazgos fueron tan contundentes que acaban de ser publicados en la prestigiosa revista internacional Parasitology International.
Castración química y cuerpos deformados
Para dimensionar el problema, el investigador recolectó 134 cangrejos ermitaños en cinco puntos estratégicos de la costa: Dichato, Cocholgüe, Lirquén, Lenga y Chome. Los análisis de laboratorio arrojaron que casi uno de cada cuatro cangrejos (el 22,2%) estaba infectado, con Lirquén y Cocholgüe como las «zonas rojas» de mayor contagio.
Al examinar a los ejemplares bajo la lupa, el equipo descubrió los dos efectos más dramáticos del parásito:
- Esterilidad absoluta: Aunque el parásito ataca a machos y hembras por igual, el efecto en estas últimas es radical: ninguna de las hembras infectadas tenía huevos. El invasor anula por completo la capacidad reproductiva del cangrejo, comprometiendo el futuro de la población.
- Cuerpos ensanchados: El parásito opera como las raíces de una planta, extendiendo ramificaciones dentro del cuerpo del cangrejo. A medida que esta red interna crece, el cefalotórax (el «caparazón» frontal) del ermitaño se deforma, volviéndose anormalmente ancho para darle espacio al invasor.
«A medida que el parásito crece y extiende sus ramificaciones internas, modifica la estructura corporal del cangrejo», detalla Kenneth Palma. Además, las estructuras externas del parásito cambian de forma, color y tamaño según la zona y el estado de salud del hospedador.
Gigantes ecológicos microscópicos
La relevancia de este estudio va mucho más allá de la anécdota biológica. Aunque pasen desapercibidos para los veraneantes, estos pequeños parásitos actúan como hilos invisibles que mueven los hilos de las dinámicas marinas, controlando la natalidad y la morfología de especies clave en la cadena alimenticia costera.
Este trabajo científico abre una nueva ventana para entender cómo el cambio ambiental y las interacciones biológicas moldean las playas y roqueríos del Biobío, demostrando que en el océano, a veces los habitantes más pequeños son los que provocan los cambios más grandes.
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