Más allá del Hipocentro: La nueva fórmula desde Concepción para predecir la furia de los megasismos

Durante décadas, la ciencia ha medido la distancia a un terremoto basándose en su hipocentro, ese punto único donde se quiebra la tierra. Sin embargo, en eventos de magnitud superior a 8, la realidad es mucho más compleja: la ruptura se extiende por cientos de kilómetros.

Ahora, una investigación liderada por geofísicos UdeC, propone un cambio de paradigma: para saber qué tan fuerte golpeará un sismo a una ciudad, no hay que mirar dónde empezó, sino dónde se encuentran sus «asperezas».

Las «Asperezas»: El verdadero motor del daño

Las asperezas son las zonas de la falla tectónica que están más «trabadas» o acopladas. Cuando finalmente se liberan, generan los mayores deslizamientos y la mayor descarga de energía.

El estudio, desarrollado por José Tomás Drápela, Gonzalo Montalva, Ignacia Calisto y un equipo multidisciplinario, analizó siete megaterremotos en Chile central (desde el histórico de 1730 hasta el de Illapel en 2015). Los resultados son reveladores:

  • Precisión quirúrgica: Al medir la distancia hacia estas zonas de máximo deslizamiento, el error en la estimación de la intensidad se reduce hasta en un 25%.
  • El factor suelo: La investigación integró cómo el tipo de terreno (blando o rígido) amplifica las ondas, descubriendo que los modelos tradicionales a veces sobreestimaban el daño en zonas de suelo blando para construcciones bajas y rígidas, típicas de la arquitectura chilena.

Un puente entre el pasado y el futuro

Para validar esta nueva metodología, los investigadores cruzaron datos de sismos instrumentales modernos (1985, 2010 y 2015) con relatos y registros de daños de grandes eventos históricos de los siglos XVIII y XIX. Esta combinación de sismología, ingeniería y geología permitió entender que la heterogeneidad de la falla es la que realmente dicta el destino de las estructuras en la superficie.

Hacia una planificación territorial inteligente

El aporte más prometedor de este hallazgo no es solo entender el pasado, sino anticipar el futuro. Gracias a los modelos de acoplamiento intersísmico —que identifican qué partes de las placas están hoy más «atrapadas»—, los científicos pueden prever dónde se formarán las próximas asperezas.

¿Qué significa esto para Chile?

  1. Mapas de riesgo dinámicos: Identificar qué comunas sufrirán mayor impacto antes de que ocurra el sismo.
  2. Gestión de emergencias: Diseñar planes de evacuación y refuerzo de infraestructura basados en escenarios de daño reales y no en estimaciones genéricas.
  3. Construcción resiliente: Ajustar las normas de edificación según la proximidad a estas «bombas de tiempo» geológicas.

Conclusión: El trabajo del equipo demuestra que, en el país más sísmico del mundo, la mejor defensa es conocer la anatomía exacta del enemigo bajo nuestros pies. Ya no basta con saber «cuándo» o «dónde» empieza un terremoto; ahora sabemos exactamente qué zonas de la falla son las que traen la verdadera destrucción.

EO

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