De: Pablo Rebolledo
Director de Administración en Ecoturismo UNAB
Las recientes cifras informadas por el Municipio de Viña del Mar, que dan cuenta del retiro de más de 81 toneladas de residuos durante el verano y cerca de 1.500 operativos de limpieza, reflejan un esfuerzo importante por recuperar espacios públicos y mejorar la seguridad y salubridad urbana. Sin embargo, más allá de este trabajo, conviene preguntarse qué imagen turística estamos proyectando como destino.
Viña ha sido históricamente uno de los principales polos turísticos del país, asociado a su borde costero y la calidad de sus espacios públicos. Pero cuando la temporada estival se traduce en toneladas de basura, ocupación irregular de espacios, venta ilegal de alcohol en la costa o el uso indebido del mobiliario urbano, es legítimo preguntarse si ese es el modelo turístico que queremos promover. El turismo no es solo una actividad económica; también es una expresión cultural. La forma en que visitantes y residentes se relacionan con la ciudad dice mucho del tipo de destino que somos.
El recientemente aprobado PLADETUR de Viña del Mar busca avanzar hacia un turismo de mayor calidad. Pero ningún instrumento de planificación será suficiente sin el compromiso de todos —autoridades, residentes y visitantes— para cuidar los espacios que hacen de la ciudad un destino valioso.





