Los incendios que devastaron Ñuble, Biobío y La Araucanía no solo calcinaron hectáreas; pusieron en jaque la capacidad de respuesta económica del Estado. Hoy, Chile se enfrenta a un dilema estructural: ¿cómo financiar una reconstrucción masiva bajo una asfixiante estrechez fiscal y la amenaza crónica del cambio climático?
Para Javier Mella, académico universitario, la respuesta no es una fórmula única, sino un esfuerzo de ingeniería financiera mixta. El experto sostiene que el presupuesto nacional debe someterse a una cirugía mayor: reasignar recursos existentes y recurrir, con extrema cautela, a un endeudamiento marginal y a fondos soberanos que, aunque debilitados, siguen siendo un salvavidas necesario.
Sin embargo, el docente UAndes es claro: el Estado no puede cargar con todo el peso. La hoja de ruta debe integrar con urgencia tres pilares estratégicos:
- Coparticipación Privada: Activar con fuerza el Fondo Nacional de la Reconstrucción y atraer capitales privados para levantar lo perdido.
- Seguros de Catástrofe: Evolucionar hacia el uso de cat bonds (bonos catastróficos) —exitosos en el ámbito sísmico— y subsidios que permitan a las propiedades en riesgo acceder a coberturas privadas.
- Visión Prospectiva: Dejar de reaccionar ante la ceniza para empezar a financiar la prevención.
La conclusión del académico es una advertencia para el diseño de políticas públicas: el cambio climático convertirá estos desastres en eventos recurrentes. Si el país no inicia hoy una discusión seria sobre fondos soberanos específicos para catástrofes, seguiremos intentando apagar incendios financieros con herramientas del siglo pasado.
SOJ





