La hora de la gobernabilidad. Columna de Augusto Parra

En las postrimerias del periodo de campaña electoral, a pocos días de una nueva elección presidencial y parlamentaria, el país vive una encrucijada que trasciende la coyuntura. Los temas que dominan la agenda, seguridad, migración, estancamiento económico, deuda pública, listas de espera en salud, reflejan las angustias más profundas de los chilenos. Sin embargo, subyace a la capacidad de ofrecer respuestas a cada uno de esos desafios y retos una cuestión aún más estructural: la necesidad de recuperar la gobernabilidad.

Chile requiere con urgencia la capacidad de formar equipos de calidad, articular mayorías parlamentarias, construir acuerdos amplios y pensar en proyectos políticos de largo aliento que superen lo coyuntural y que hagan posible abordar reformas estructurales. No basta con elegir un gobierno: es indispensable que ese gobierno pueda gobernar. Y ello demanda revisar las reglas del juego político, hoy tensionadas por la hiperfragmentación y por un sistema electoral que castiga la estabilidad, la prospectiva y las miradas de largo plazo, de la escencia de las políticas de Estado.

Urge, por tanto, retomar el debate sobre una reforma al sistema politico integral. Una que reduzca el hiperfraccionamiento partidario, refuerce la representatividad y permita ampliar el mandato presidencial o incluso habilitar la reelección, de modo de asegurar estabilidad y ciclos politicos que habiliten reformas estructurales y miradas prospectivas. También debiera considerarse alinear la elección parlamentaria con la segunda vuelta presidencial, fortaleciendo así la formación de mayorias y la gobernabilidad democrática.

Esta reflexión se vuelve aún más necesaria si recordamos que, como señaló Guillermo O’Donnell (1994)“la democracia debe estar siempre bajo observación, porque es un régimen imperfecto e inacabado”. Su vitalidad depende de la capacidad de someterse a examen y de corregir sus propias deficiencias antes de que ellas corroan su legitimidad.

Es tiempo de contener el avance del populismo, la simplificación, la polarización, la desinformación a partir de un pacto que revitalice la representatividad en la relación entre representantes (gobernantes y gobernados) y representados, el populismo florece ahí donde las élites políticas dejan de representar a la ciudadanía. Combatir la corrupción y las malas prácticas y devolver dignidad y prestancia a las instituciones y el estado de derecho. 

Hoy, la deliberación pública como advertía Jürgen Habermas (1989) parece deteriorarse bajo el ruido de las redes sociales, donde la simplificación reemplaza al argumento y el eslogan al pensamiento crítico. La democracia se empobrece cuando deja de ser un espacio de diálogo racional, la deliberación pierde densidad y se transforma en una competencia de consignas.

A ello se suma otro gran ausente en esta campaña: la política exterior. En un escenario internacional marcado por el debilitamiento de la institucionalidad multilateral y el ejercicio nihilista del poder por parte de las superpotencias, Chile no puede permitirse carecer de una estrategia clara que resguarde sus intereses y reafirme su vocación por la paz, la cooperación y el derecho internacional, resguardando su soberanía y en un camino gradual de ir afirmando su autonomía estratégica.

La estabilidad, la responsabilidad fiscal, la cohesión social y el lugar de Chile en el mundo exigen una visión de Estado que trascienda gobiernos. Porque mientras la democracia no recupere la capacidad de ofrecer soluciones desde políticas públicas bien estructuradas, estaremos condenados a la frustración y al desencanto ciudadano.

La capacidad de respuesta de la política a los dilemas mas urgentes y a los enormes retos que enfrenta Chile para devolver centralidad a sus espectativas de volver a movilizar sus capacidades en torno al desarrollo, no dependen solo de las expresiones de voluntad que hemos visto en los sucesivos debates, si no de los grandes temas ausentes o que no han estado en toda la dimensión que requieren como una descentralización efectiva que acerque las políticas públicas a los problemas cotidianos y que permita una mayor pertinencia en la acción del Estado; una profunda modernización del Estado que mejore su eficacia y eficiencia, que recoja los paradigmas de la Nueva Gestión Pública en orden a gobernar orientado a objetivos y propositos, la incorporación de una institucionalidad que favorezca la planificación estrategica de la gestión del Eatado que trascienda a los gobiernos y la politica exterior. La legitimidad de la acción pública depende de la gobernabilidad democrática y de las herramientas para que la política comience a llegar con respuestas eficaces, eficientes y oportunas a los problemas públicos.

En lo personal creo quien mejor representa un proyecto político que ofrece gobernabilidad y equipos competetentes y capacidad de alcanzar grandes acuerdos, que apela a la racionalidad y la sensatez es Evelyn Matthei. Pero ante todo, más allá de las legitimas preferencias de cada cual, le invito a reflexionar en torno a que las reformas que requiere Chile, la prosperidad, la paz y el progreso, no son posibles, sin gobernabilidad y sin revitalizar nuestra democracia y dotarla de todas las herramientas necesarias para que adquiera legitimidad, dignidad y prestancia. 

Augusto Parra Ahumada

Ingeniero Comercial 

Presidente de la Fundación República en Marcha