En un avance significativo para la sostenibilidad y la gestión de residuos, la Unidad de Desarrollo Tecnológico (UDT) de Coronel, está a punto de producir el primer litro de combustible de aviación (Jet Fuel) a partir de plásticos residuales. Este logro representa un paso crucial en un proyecto financiado por la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID) y desarrollado en colaboración con la Empresa Nacional del Petróleo (Enap), prometiendo una solución innovadora y de menor costo para descarbonizar el transporte aéreo.
La tecnología desarrollada por la UDT, que ha sido perfeccionada durante los últimos dos años, permite transformar plásticos difíciles de reciclar, como polipropileno (PP), polietileno (PE) y poliestireno (PS) —que representan una fracción significativa de los desechos urbanos e industriales— en un combustible compatible con las refinerías existentes, sin necesidad de costosas modificaciones.
La Pirólisis Catalítica: El Corazón de la Innovación
La Directora del proyecto y jefa del área de Bioenergía de la UDT, Dra. Cristina Segura Castillo, explicó la relevancia de este hito: «Producir un litro a nivel de laboratorio es un esfuerzo importante, porque en cada ensayo no se produce más de 50 ml de producto». Aunque la cantidad pueda parecer simbólica, la Dra. Segura enfatiza que es «un reflejo del sólido trabajo de optimización del proceso» que valida la viabilidad del método.
Investigadores de la UDT, en colaboración con la Empresa Nacional del Petróleo (Enap), han logrado obtener el primer litro de un biocombustible avanzado. Este hito no solo valida el proceso desarrollado en conjunto, sino que también marca el inicio de una prometedora etapa.
La producción de este primer litro abre las puertas para la futura producción a escala piloto. Este siguiente paso será crucial para evaluar la viabilidad técnica y comercial del biocombustible en contextos reales, acercando a la región a una potencial alternativa energética sostenible.
La innovación clave de la UDT reside en un proceso de pirólisis catalítica. En este método termoquímico, los plásticos se calientan entre 450 y 600°C en ausencia de oxígeno y con el uso de un catalizador. «Bajo estas condiciones, los polímeros se descomponen en vapores de hidrocarburos, que permiten obtener una fracción líquida rica en compuestos similares a los combustibles fósiles tradicionales, con un rango de destilación comparable al del queroseno de aviación, de 205 a 300°C», detalló la investigadora.
La tecnología incluye una etapa de refinado del «líquido pirolítico» para asegurar que sus propiedades fisicoquímicas sean compatibles con el queroseno de aviación convencional. Esto significa que el combustible resultante posee la estabilidad térmica y química, características de combustión adecuadas y propiedades de fluidez necesarias para operar en las condiciones extremas de presión y temperatura que enfrentan los vuelos a gran altitud.
Un factor diferenciador de este combustible es su capacidad de ser coprocesado directamente con hidrocarburos fósiles en una refinería, lo que facilita su integración en la infraestructura existente sin grandes inversiones. «Esta característica convierte al proceso en una solución eficiente, escalable y alineada con los principios de economía circular y descarbonización del transporte», afirmó la Dra. Segura.
Un Paso Decisivo en la Hoja de Ruta de Combustibles Sostenibles de Aviación (SAF) en Chile
La producción de este primer litro de combustible es un compromiso clave dentro de la Hoja de Ruta de Combustibles Sostenibles de Aviación (SAF) en Chile, parte del Programa Vuelo Limpio impulsado por la Agencia de Sostenibilidad Energética, con el respaldo de la Junta de Aeronáutica Civil y el Ministerio de Energía. El objetivo de este programa es descarbonizar el sector aéreo, con una meta ambiciosa para 2025: que el 50% del combustible utilizado en vuelos nacionales e internacionales provenga de fuentes sostenibles.
Aunque la propuesta de la UDT no se clasifica estrictamente como SAF —ya que estos exigen un origen biogénico—, representa un avance crucial en la reducción de la huella de carbono del sector. La Dra. Segura destacó que el proceso de pirólisis de plásticos genera al menos un 15% menos de emisiones de carbono en comparación con el queroseno convencional.
Además de su impacto ambiental positivo, este combustible destaca por su menor costo de producción en comparación con los biocombustibles, gracias a su escalabilidad y la facilidad de integración en refinerías ya operativas. También ofrece una solución efectiva para la valorización de grandes volúmenes de plásticos residuales que son difíciles de reciclar mecánicamente.
Según la investigadora, el potencial de producción de estos combustibles no convencionales podría alcanzar los 100 mil metros cúbicos al año, cifra que podría incrementarse aún más si se incorpora el líquido pirolítico obtenido de neumáticos fuera de uso (NFU), un residuo que ya es valorizado por plantas en el país. En conjunto, esta tecnología podría satisfacer entre un 5% y un 20% del consumo nacional de combustible de aviación, diversificando y descarbonizando así el sector aéreo.
La Dra. Segura de la UDT-UdeC concluye que este producto es un aporte concreto a la implementación de soluciones tecnológicas para la descarbonización de sectores complejos de electrificar, como la aviación. «Al aprovechar residuos plásticos no reciclables y adaptarse a la infraestructura existente de refinación, esta innovación combina viabilidad técnica, impacto ambiental y escalabilidad industrial», afirmó.
De esta manera, Chile avanza decididamente en su hoja de ruta hacia combustibles más sostenibles y se posiciona estratégicamente como un actor relevante en el desarrollo de soluciones circulares y carbono-reducidas para la transición energética global.
SOJ





