Vaticano en la encrucijada: El cónclave desata la batalla ideológica por el futuro de la Iglesia. Funeral del Papa Francisco se celebrará el sábado próximo

Tras el solemne adiós a Francisco, el corazón del catolicismo se prepara para un cónclave que promete ser un campo de batalla ideológico.
El Colegio Cardenalicio, tras su última reforma de diciembre de 2024, está compuesto por 253 cardenales, de los cuales 138 son electores y 113 no podrán votar en el cónclave inminente.

Los 138 cardenales, menores de 80 años de edad, guardianes del futuro de la Iglesia, se alistan para un encuentro trascendental donde las tensiones entre el progresistas y el conservadores definirán el rumbo de miles de millones de fieles en todo el mundo.

Los cardenales electores proceden de 71 países, frente a los 48 representados en 2013, cuando fue elegido el papa Francisco. Los italianos constituyen el bloque nacional más grande, con 17 cardenales, seguidos por 10 de Estados Unidos y siete de Brasil. En total, hay 54 cardenales electores de Europa, 24 de Asia, 18 de África, 18 de América del Sur, 16 de América del Norte, 4 de América Central y 4 de Oceanía.

El pontificado de Francisco no estuvo exento de tormentas internas. Su espíritu reformista chocó frontalmente con una férrea oposición de cardenales conservadores, quienes ahora ven en la sede vacante una oportunidad para restaurar una visión más tradicional de la Iglesia. Este influyente sector cuenta con figuras de gran visibilidad mediática, algunas de las cuales incluso suenan con fuerza como posibles sucesores.

En la otra orilla, el ala progresista se presenta fragmentada, tal como anticipa el periodista vaticano Francesco Antonio Grana en su libro «Qué queda del papado. El futuro de la Iglesia después de Bergoglio». Grana identifica dos facciones: una progresista desilusionada por la falta de audacia reformista de Francisco en algunos temas, y otra, más «bergogliana», que busca dar continuidad al legado del pontífice latinoamericano. «Está claro que las facciones (…) ya se están organizando para que no se sorprendan cuando comience la Sede Vacante», vaticinaba el autor, una profecía que ya resuena en los pasillos del Vaticano.

La contienda por alcanzar los dos tercios necesarios para la elección del nuevo Papa (92 de los 163 cardenales menores de 80 años con derecho a voto) se anticipa intensa. Así lo advierte el cardenal español -nacionalizado paraguayo- Cristóbal López, arzobispo de Rabat (Marruecos): «No es que estemos divididos, es que somos diferentes, cada uno tiene su forma de ver las cosas. No es lo mismo lo que yo veo desde Marruecos que lo que el cardenal Adalberto Martínez ve desde Paraguay. Podemos estar muy unidos en la fe y afectivamente, pero tener visiones diferentes con respecto a lo que se necesita en este momento en la Iglesia».


El laberinto progresista: Entre la continuidad y la audacia

El ala progresista, aunque se presume mayoritaria en número, enfrenta el desafío de la unidad para alcanzar la crucial mayoría de dos tercios. Dentro de este sector, el cardenal Cristóbal López se ha posicionado como una figura a favor de la ordenación de hombres casados y de una revisión de la obligatoriedad del celibato sacerdotal.

Un nombre que resuena con fuerza dentro del progresismo es el del cardenal italiano Matteo Zuppi, arzobispo de Bolonia y actual presidente de la Conferencia Episcopal Italiana. Su cercanía a Francisco, quien lo designó enviado especial para la paz en Ucrania, lo sitúa como un posible continuador de su legado. Popular en Italia, Zuppi es conocido por su defensa de la acogida de migrantes y de una mayor inclusión de los fieles homosexuales en la Iglesia.

Otro cardenal que figura en las quinielas progresistas es el ghanés Peter Turkson, quien podría hacer historia como el primer Papa negro. Con una creciente influencia en el Vaticano, Turkson ha sido un firme defensor de la justicia social, enarbolando las banderas del pontificado de Francisco, quien reconoció públicamente su labor.

En un espectro más moderado del progresismo, el cardenal filipino Luis Antonio Tagle, exarzobispo de Manila, emerge como una figura de consenso. Ya considerado «papable» en 2013, Tagle es conocido como «el Francisco asiático» por su compromiso con los pobres, los migrantes y los marginados. Sin embargo, ha evitado pronunciarse con firmeza en temas delicados como la relación de la Iglesia con la comunidad LGBTI y las parejas que conviven antes del matrimonio.

Finalmente, el secretario de Estado del Vaticano, Pietro Parolin, también figura entre los posibles sucesores. Con una vasta experiencia diplomática, Parolin ha defendido algunas causas progresistas, pero su perfil político pragmático podría convertirlo en un candidato de consenso, a pesar de carecer de una extensa trayectoria pastoral.

Los ojos del mundo estarán fijos en Roma en los próximos días. El cónclave que se avecina no es solo la elección de un nuevo líder espiritual para más de mil millones de católicos, sino también un reflejo de las profundas tensiones y las diferentes visiones que coexisten en el seno de la Iglesia. La batalla entre el progresismo y el conservadurismo determinará el rostro del papado en el siglo XXI y el camino que la Iglesia tomará en un mundo en constante transformación.

La trinchera conservadora: Un anhelo de retorno a las raíces

Aunque quizás no representen la mayoría numérica en el cónclave, la influencia del ala conservadora es innegable. Este sector lleva «años preparándose para un futuro cónclave» con la esperanza de elegir un Papa que revierta las reformas impulsadas por Francisco. Sus banderas de batalla incluyen la firme oposición a propuestas como el fin del celibato sacerdotal o una mayor apertura hacia los fieles homosexuales, defendiendo la liturgia tradicional, como la posibilidad de oficiar misas en latín. La oposición a Bergoglio, que floreció en numerosos blogs y sitios web de católicos conservadores, a menudo bajo el amparo del anonimato, tuvo en el exnuncio en EE.UU. Carlo Maria Viganò a uno de sus principales exponentes, llegando a solicitar públicamente la renuncia del Papa.

Dentro de este espectro conservador resuena el nombre del cardenal húngaro Péter Erdö, arzobispo de Budapest, conocido por sus posturas inflexibles en temas como los divorciados vueltos a casar y las parejas del mismo sexo. Su cercanía al primer ministro de su país, Viktor Orban, cuyas políticas han sido criticadas por su postura hacia la comunidad LGBTI, añade un matiz político a su posible candidatura. Otro purpurado que emerge como posible representante de esta ala es el cardenal congolés Fridolin Ambongo, quien en los últimos años se ha erigido como una voz influyente del conservadurismo eclesial, especialmente tras su pública oposición a la bendición de parejas homosexuales, una de las reformas impulsadas por Francisco.

SOJ