Por Dr. Octavio Enríquez Lorca
Gunther Domke Schulz fue director de la Escuela de Medicina de la Universidad de Concepción entre los años 1973 y 1975. Asimismo, decano de la Facultad de Medicina de la misma Casa de Estudios Superiores desde 1980 a 1982. Y durante un largo período, también director de la Corporación del mismo plantel. Siempre en la actividad académica, incursionó en el ámbito de las comunicaciones de esta prestigiosa universidad, siendo directivo exitoso de Octava Comunicaciones. Su vocación de servicio lo llevó igualmente a participar en el Concejo Municipal de la Corporación Edilicia de Concepción,siendo elegido miembro de éste y reconocido por dicha función hace poco tiempo, a instancias Cristian Paulsen Garbarino . En definitiva, fue no sólo un notable servidor público, sino también un visionario. Entre otras de sus tantas actividades, impulsó y fundó el Instituto Chileno-Chino de Cultura.
Como médico descolló en la especialidad a la cual fue a formarse en Alemania: la Medicina Nuclear. Creó la Unidad pertinente en el Hospital Regional de Concepción, que se desarrolló plenamente. Asimismo, fue quien primero realizó en el mencionado establecimiento hospitalario de la ciudad una ecografía abdominal .En suma, su actividad en diferentes planos fue muy intensa y muy prolífica. Su espíritu de servicio también lo expresó en el Rotary, dando siempre de sí ante los demás, sin pensar en sí mismo.
Pero lo que yo deseo destacar por sobre toda la enorme tarea realizada por él a lo largo de su vida, es haber tenido el privilegio de conocer a un extraordinario ser humano, muy querido y apreciado por la comunidad y su familia. Recordemos que realizó y completó sus estudios en la Universidad de Concepción, y que además perteneció con honores a la primera generación que hizo esto. Durante su gestión como directivo universitario enfrentó ciertamente períodos y procesos complejos en la década de los 70 y de los 80, pero fue reconocido públicamente por el trato que brindara a sus semejantes, sin hacer distinciones de ninguna naturaleza. Por esa gestión que hizo por su desarrollo, fue admirado. También, por su tremenda calidez humana.
Realmente me enorgullece haber sido su paciente en mi infancia, más tarde su alumno en la década de los 70 en la Escuela de Medicina, y enseguida su colega. Aparte de lo clínico, cabe resaltar también lo que fue su gestión académica y su calidad humana. Fuí ciertamente amigo de un hombre ejemplar, que dejó profundas huellas a su paso por esta vida.





