Álvaro Peña, académico y miembro del Consejo de Políticas de Infraestructura(CPI): «El nuevo mapa portuario del Pacífico desafía a Chile»

El desarrollo del Puerto Chancay, en Perú, invita a Chile a fortalecer su conexión con Asia con una visión de mediano a largo plazo. Su capacidad para concentrar carga regional y conectarla con ese continente plantea nuevas opciones, cuyo valor dependerá del desempeño de toda la cadena logística.

Álvaro Peña, académico de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso y miembro del Consejo de Políticas de Infraestrucura (CPI), sostiene que «para el exportador importa el costo completo, desde el origen hasta el destino. Una tarifa marítima menor puede perder su ventaja por esperas, almacenamiento o una conexión fallida. La frecuencia y la puntualidad pesan especialmente en productos perecibles. Las navieras, por su parte, necesitan volumen y productividad para justificar una escala. La competitividad resulta del desempeño de toda la cadena. Estos factores deben orientar las decisiones logísticas de exportadores y navieras».

Sostiene el experto que «las conexiones con Perú tienen historia reciente. En 2023, Hapag-Lloyd ya anunciaba enlaces del norte chileno a su red internacional vía el Puerto del Callao. A estos vínculos se suman los servicios asociados a Chancay: Iquique Terminal Internacional (ITI) informó en mayo de 2026 la incorporación de Evergreen a Chancay Express. Estos flujos podrían crecer en los próximos meses si las navieras amplían sus servicios y ofrecen mejores condiciones. Su evolución dependerá de tarifas, frecuencias y tiempos efectivos; aún falta información comparable para cuantificarla».

Para entender el alcance de estas conexiones –agrega Álvaro Peña– conviene distinguir entre servicio directo y transbordo. El primero puede hacer escalas intermedias, manteniendo la carga en el mismo buque; el transbordo implica cambiarla de nave. Incluso con transbordo en Perú, la carga puede seguir embarcándose en Chile. Otra dimensión de la competitividad es la capacidad portuaria. Recibir buques mayores puede reducir el costo por contenedor, pero exige carga suficiente y operaciones eficientes. Chile ya tiene experiencia: San Antonio Terminal Internacional (STI) recibió en 2023 al portacontenedores Chiyo de la naviera Mediterranean Shipping Company (MSC), con capacidad de 16.616 TEU. Ese hito muestra la capacidad de STI; sostener servicios regulares requiere además profundidad adecuada, grúas, patios y continuidad operacional.

Dice que «con el fin de responder a estas exigencias, nuestro país  debe combinar mejoras inmediatas con inversiones de largo plazo: agilizar controles y trámites, coordinar turnos, fortalecer accesos viales y ferroviarios y ampliar capacidad donde la demanda lo justifique. Una cartera con personal responsable y plazos que trasciendan a los gobiernos daría certeza al sistema exportador. También se requiere publicar datos comparables sobre servicios directos, transbordos y tiempos logísticos para orientar las decisiones».

Finalmente, manifiesta el académico que la integración regional puede ampliar opciones y reducir costos para el comercio chileno. Y, al mismo tiempo, preservar escalas directas permite mantener alternativas, competencia y capacidad de respuesta ante interrupciones. «Ambas opciones pueden complementarse. Chile dispone de una base portuaria y exportadora desde la cual avanzar. El desafío es transformarla en una red confiable, bien conectada con el territorio y preparada para las próximas décadas», concluye. (Publicado por PortalPortuario).