Primavera y oídos tapados: la silenciosa complicación de las alergias que puede afectar la audición de adultos y niños

Young woman suffering from ear pain at home

Con la llegada de la primavera, miles de personas comienzan a convivir con estornudos, congestión nasal y picazón de ojos. Sin embargo, existe un síntoma poco conocido que suele pasar inadvertido: la sensación de oído tapado. Según explica Yolanda Maldonado, directora de Fonoaudiología de la Universidad Andrés Bello, sede Concepción, las alergias estacionales pueden afectar directamente el funcionamiento del oído medio, generando molestias que van desde una disminución de la audición hasta complicaciones más importantes si no se tratan a tiempo.

“La mayoría de las personas asocia las alergias únicamente con síntomas nasales o respiratorios, pero el sistema está completamente interconectado. Cuando la mucosa nasal se inflama por efecto de los alérgenos, esa inflamación también puede alcanzar la trompa de Eustaquio, que es el conducto encargado de ventilar adecuadamente el oído medio», explica Maldonado. La fonoaudióloga agrega que, cuando este mecanismo falla, “se produce una alteración en la presión interna del oído y puede acumularse líquido detrás del tímpano, provocando lo que muchas personas describen simplemente como un oído tapado”. Explica que “responsables son los pólenes más pequeños y livianos de pastos y malezas, que pueden mantenerse flotando durante períodos prolongados y generar una fuerte respuesta inflamatoria”, señala.

Crisis alérgica

Uno de los cuadros más frecuentes asociados a este fenómeno es la denominada disfunción tubaria, que corresponde a la incapacidad de la trompa de Eustaquio para abrirse o cerrarse correctamente. “Durante una crisis alérgica, la inflamación reduce el espacio disponible dentro de este conducto y dificulta la ventilación del oído. Además, aumenta la producción de mucosidad y se altera la capacidad natural de drenaje, lo que favorece la acumulación de líquido y eleva el riesgo de infecciones secundarias», detalla Maldonado.

La especialista advierte que existen señales que no deben ignorarse. «Cuando una persona presenta congestión nasal, estornudos o picazón ocular junto con sensación de presión en los oídos, audición amortiguada, ruidos internos como chasquidos o la percepción exagerada de su propia voz, es muy probable que exista una relación con el proceso alérgico». Asimismo, recomienda consultar oportunamente para evitar complicaciones. «La automedicación suele retrasar el diagnóstico. Lo ideal es acudir a un profesional de la salud para controlar la inflamación y, si es necesario, complementar el estudio con evaluaciones audiológicas específicas», dice.

Los más afectados

Los niños constituyen el grupo más vulnerable frente a estas complicaciones. De acuerdo con Maldonado, la anatomía infantil favorece la aparición de problemas auditivos asociados a alergias. «La trompa de Eustaquio de los niños es más corta, más estrecha y más horizontal que la de los adultos, lo que facilita que las secreciones lleguen al oído y dificulta su eliminación. Cuando esto ocurre de forma repetida, aumenta considerablemente el riesgo de desarrollar otitis media con efusión», explica. Destaca que las consecuencias pueden ir más allá de una simple molestia pasajera. «Un niño que escucha de forma amortiguada durante semanas o meses pierde información acústica fundamental para su aprendizaje. Esto puede afectar el desarrollo del lenguaje, la comprensión de instrucciones, la concentración en clases e incluso el rendimiento escolar». 

Por ello, insiste en la importancia de la detección precoz y de realizar evaluaciones oportunas cuando aparecen señales de alerta. Respecto del tratamiento, Maldonado enfatiza que el abordaje debe ser multidisciplinario. «El primer paso es controlar adecuadamente la alergia y la inflamación de base mediante atención médica. Paralelamente, desde la fonoaudiología realizamos exámenes como audiometrías e impedanciometrias para conocer el estado real del oído medio. Posteriormente, especialmente en niños, efectuamos seguimiento y apoyo para evitar que estas dificultades auditivas tengan repercusiones en el lenguaje o en el proceso educativo”, concluye la fonoaudióloga.