Gonzalo Medina Vogel
Instituto One Health, UNAB
El hábitat de nuestras especies nativas como el pingüino de Humboldt, el huillín, el chungungo o la ranita de Darwin, son los bosques, quebradas, ríos, y esteros; lagunas y lagos; así como el litoral marino; ecosistemas desde donde obtenemos el agua para consumo humano y la agricultura; de donde viene la pesca y los cultivos marinos, la leña y la madera noble. Son fuente de entretención, belleza y salud.
Cuando hablamos de la extinción de nuestras especies nativas, también estamos hablando de la destrucción y pérdida del hábitat humano. Los primeros grandes síntomas de esta pérdida son el aumento del costo de la vida, la aparición de pandemias, y el deterioro de la salud mental.
Como nación, antes de seguir destruyendo estos ecosistemas, deberíamos incorporar al cálculo de cualquier actividad económica los costos sociales derivados de sus externalidades ambientales. Perder al pingüino de Humboldt, al huillín, al chungungo o a cualquiera de las especies de anfibios de nuestro país, no es solo perder parte de nuestra maravillosa biodiversidad. También significa deteriorar los ecosistemas de los cuales depende nuestra propia existencia.





