Asturias y Lota reabren diálogo del carbón: patrimonio, memoria y cultura como motor del desarrollo de antiguas cuencas mineras

*  El Congreso Internacional de Mieres (localidad situada en el centro-sur de la comunidad autónoma de Asturias, en el noroeste de España) reunió a investigadores, académicos y representantes comunitarios de Asturias y de la Región del Biobío, para analizar cómo territorios marcados por el carbón pueden transformar su patrimonio industrial y su memoria minera en nuevas oportunidades sociales, culturales y económicas.

Miles de kilómetros y un océano separan a Asturias de la Región del Biobío, pero una misma historia las vuelve a encontrar: la del carbón, la industria, el trabajo minero y las profundas transformaciones sociales que experimentaron sus comunidades tras el declive de la actividad extractiva. Ese pasado común fue el punto de partida del Congreso Internacional “Paisajes postindustriales y transiciones en las cuencas mineras de Asturias (España) y del Biobío (Chile)”, desarrollado en el campus universitario de Mieres, donde investigadores, académicos y representantes de organizaciones territoriales de ambas naciones analizaron los desafíos y oportunidades que enfrentan las antiguas cuencas carboníferas.

El encuentro, organizado por la Universidad de Oviedo y auspiciado por la Agenda 2030 del Principado de Asturias, puso sobre la mesa una pregunta fundamental para territorios que alguna vez vivieron al ritmo de las minas: ¿cómo transformar una historia marcada por el cierre de las explotaciones en una oportunidad para construir futuro sin perder la memoria?La respuesta planteada durante las jornadas apuntó hacia el patrimonio, la cultura, la participación comunitaria y la capacidad de resignificar los antiguos espacios industriales.

Del carbón a la memoria: patrimonio que puede volver a generar futuro

La experiencia asturiana aparece como uno de los referentes para comprender los procesos de transición postindustrial. Durante la visita de la delegación chilena se conocieron experiencias vinculadas a las antiguas comunidades mineras, se realizaron recorridos guiados y se visitaron espacios que hoy constituyen verdaderos lugares de memoria, entre ellos el histórico Pozu Santa Bárbara, en el Valle de Turón, una explotación subterránea de carbón clausurada en 1995. El antiguo espacio minero representa hoy una nueva forma de relacionarse con ese pasado: donde antes existía extracción, trabajo y producción, actualmente existe patrimonio, conocimiento, cultura y memoria.

La experiencia asturiana también demuestra que la reconversión no consiste únicamente en recuperar edificios o instalaciones industriales. Supone reconstruir el vínculo entre el territorio y sus habitantes, otorgando nuevos significados a espacios que fueron fundamentales para la identidad de generaciones enteras. Rubén Vega, académico de la Universidad de Oviedo, destacó la importancia del intercambio entre Asturias y el Biobío. Dijo: “Nosotros, desde la Universidad de Oviedo y en el marco de la Agenda 2030, ya hemos realizado dos visitas a la cuenca del carbón, y estamos acogiendo a nuestros compañeros chilenos, tratando de identificar cuánto tenemos en común y qué oportunidades existen para compartir y aprender los unos de los otros».

Añadió que «existen enormes similitudes, a pesar de la distancia y, lógicamente, de la falta de comunicación que históricamente ha existido entre ambos territorios. Esto debe ayudarnos a aprender tanto de los demás como de nosotros mismos. Nos permitirá entendernos mejor y comprender por qué reaccionamos de manera similar ante situaciones parecidas, así como la forma en que gestionamos esa memoria y ese pasado, que son muy poderosos en ambos lugares: espacios de trabajo duro, de luchas sociales y de una profunda herencia de cultura minera.”.

Lota: cuando el patrimonio deja de ser pasado y se convierte en oportunidad

Desde Chile, la experiencia de Lota permitió incorporar al debate una mirada construida desde el propio territorio, y desde las organizaciones que trabajan en la protección y puesta en valor de su patrimonio. La participación de Pamela Uriarte Lagos, representante legal de Fundación CEPAS, estuvo centrada en “Lota Monumental: Patrimonio, Comunidad y Desarrollo económico social”, poniendo énfasis en la relación inseparable entre patrimonio, identidad y desarrollo. Uriarte planteó que Lota no puede ser entendida únicamente a partir de sus monumentos, edificios e instalaciones industriales. “Participar en este Congreso Internacional representa una valiosa oportunidad para visibilizar la experiencia de Lota y, especialmente, para poner en el centro de la conversación el vínculo inseparable entre patrimonio, comunidad y desarrollo», prosiguió.

La representante de Fundación CEPAS sostuvo que el patrimonio lotino debe ser entendido como un territorio vivo, construido por la memoria y las experiencias de sus habitantes. “Desde Fundación CEPAS creemos firmemente que Lota Monumental no debe entenderse únicamente como un conjunto de bienes históricos o arquitectónicos, sino como un territorio vivo, construido a partir de la memoria, las experiencias y la identidad de sus habitantes», advirtió. A su juicio, la protección del patrimonio no debe quedarse en la conservación física de los bienes, sino avanzar hacia un modelo capaz de generar oportunidades para la comunidad. Acotó que “su patrimonio industrial y cultural es parte fundamental de la historia de Chile y constituye, al mismo tiempo, una oportunidad para proyectar un futuro con mayores posibilidades para la comunidad».

Reafirmó enseguida el compromiso de Fundación CEPAS con la protección de los espacios patrimoniales y con la generación de procesos participativos. “El patrimonio de Lota puede transformarse en una herramienta para el desarrollo económico y social, sin perder la esencia y la memoria de su comunidad. Otro de los aportes provenientes del Biobío estuvo a cargo de Julio Gaete, representante encargado de Programación y Vinculación con el Medio del Circuito Lota, quien presentó la experiencia de la “Ruta del Carbón: El circuito que forjó la identidad de Lota”. Gaete puso el acento en la necesidad de que la recuperación patrimonial sea construida junto con las comunidades y responda a las necesidades del territorio.

“Nuestra participación busca relevar la importancia de que los procesos de recuperación y puesta en valor patrimonial sean participativos, sostenibles y vinculados directamente con las necesidades y aspiraciones de quienes habitan el territorio». El desafío, explicó, va mucho más allá de preservar instalaciones o edificios. El desafío no es solamente conservar lo que heredamos, sino darle nuevos significados y usos que permitan generar oportunidades sociales, culturales y económicas, especialmente para las nuevas generaciones. Para Gaete, el intercambio con Asturias abre precisamente esa posibilidad: aprender de experiencias similares y construir nuevas estrategias para territorios que enfrentan las consecuencias de la transición postindustrial. “Creemos que conservar el patrimonio es también conservar nuestra memoria, pero proyectarla hacia el futuro implica que la comunidad sea protagonista». Y complementa: “Lota tiene una historia que merece ser conocida, valorada y protegida, pero también tiene un enorme potencial para convertirse en un referente de desarrollo territorial basado en su identidad, su patrimonio y la participación de sus habitantes.”

Juan Ponte: Si no sabemos de dónde venimos, no podremos saber a dónde vamos

Desde la Agenda 2030 del Principado de Asturias, Juan G. Ponte, director general de la Agenda 2030, destacó el valor estratégico del encuentro y la posibilidad de establecer puentes entre dos territorios que, pese a su distancia geográfica, comparten una poderosa cultura minera. “Este encuentro es fundamental, porque permite intercambiar experiencias académicas, pero también de tejido comunitario. Lo consideramos fundamental porque si no sabemos de dónde venimos nunca podremos conocer hacia dónde vamos». Explicó que una de las claves del proceso de transición consiste en recuperar las infraestructuras de las antiguas cuencas carboníferas y conectarlas con las nuevas generaciones.

“Lo que estamos analizando es cómo dotar de nuevos usos a las infraestructuras de las cuencas históricamente carboníferas para contactar con las nuevas generaciones y transformar el presente y el futuro en clave de prosperidad ecológica», aseveró. La mirada planteada desde Asturias coincide así con una de las principales aspiraciones del proceso de recuperación patrimonial de Lota: que el legado de la minería no quede convertido en una pieza estática del pasado, sino que pueda generar nuevas oportunidades para quienes viven actualmente en estos territorios.

La cultura como puente entre dos cuencas mineras

Uno de los elementos más significativos del encuentro fue la incorporación de la creación cultural como herramienta para resignificar el pasado minero. La literatura, el cine, la fotografía, las artes plásticas y la música formaron parte de un programa que buscó demostrar que la cultura puede convertirse en un vehículo para mantener viva la identidad de las cuencas y, al mismo tiempo, proyectarlas hacia nuevos públicos. En ese contexto, el Coro Minero de Turón protagonizó una actuación durante la inauguración del congreso, llevando al encuentro la tradición musical de las comunidades mineras asturianas y demostrando que la cultura puede convertirse en una poderosa forma de transmisión de la memoria. El encuentro también contó con la participación de investigadores y académicos vinculados al Biobío, entre ellos la historiadora Esperanza Rock y académicos de la Universidad del Bío-Bío como María Isabel López, Ignacio Bisbal y Pamela Heyden, además de representantes de organizaciones vinculadas al patrimonio y desarrollo territorial.

Dos territorios geográficamente distantes, pero una misma memoria

Las similitudes entre Asturias y el Biobío no se limitan a la existencia de antiguas explotaciones de carbón. Ambos territorios fueron construidos alrededor de la actividad minera; ambos generaron comunidades profundamente vinculadas al trabajo industrial; ambos desarrollaron expresiones culturales propias y ambos enfrentaron profundas transformaciones sociales y económicas tras el declive de la minería. Pero precisamente esa historia compartida puede convertirse ahora en una ventaja.

El intercambio entre ambas cuencas permite mirar la transición postindustrial no únicamente como un proceso de pérdida, sino también como una oportunidad para reconstruir identidad, atraer visitantes, generar actividad económica, fortalecer las comunidades y abrir nuevas posibilidades para las generaciones futuras. La experiencia analizada en Mieres deja una conclusión clara: el cierre de una mina no tiene por qué significar el cierre de la historia de un territorio. Cuando el patrimonio se protege, la memoria se transmite, la cultura se activa y la comunidad participa, las antiguas cuencas mineras pueden comenzar a escribir un nuevo capítulo. Y en ese nuevo relato, Asturias y Lota vuelven a encontrarse.