* Estudio internacional liderado por investigadores de la Universidad Andrés Bello concluye que la actividad física puede generar beneficios cognitivos medibles en personas con esquizofrenia. Los hallazgos abren nuevas oportunidades para complementar los tratamientos tradicionales de una enfermedad que afecta a millones de personas en el mundo.
Durante décadas, la esquizofrenia ha sido abordada principalmente desde el tratamiento farmacológico y la atención psiquiátrica. Sin embargo, una investigación internacional en la que participó el Dr. Christian Campos, decano de la Facultad de Ciencias de la Rehabilitación de la UNAB, aporta nueva evidencia sobre un aspecto que muchas veces queda en segundo plano: el rol que puede desempeñar el ejercicio físico en la salud cognitiva de quienes viven con esta condición. El trabajo, publicado en la revista científica Sports, analizó estudios realizados en distintos países y concluyó que la actividad física, especialmente el ejercicio aeróbico, puede producir mejoras significativas en la memoria de trabajo, una función esencial para desenvolverse en la vida cotidiana.
Importancia de estrategias
La esquizofrenia es un trastorno mental severo que no solo afecta la percepción de la realidad. También impacta habilidades cognitivas fundamentales como la atención, la memoria, la planificación y la capacidad de resolver problemas. Estas alteraciones suelen dificultar la inserción laboral, las relaciones sociales y la autonomía personal. Según explica el Dr. Christian Campos, comprender cómo fortalecer estas capacidades es uno de los grandes desafíos de la salud mental actual. “Cuando hablamos de esquizofrenia generalmente pensamos en síntomas como alucinaciones o delirios, pero los déficits cognitivos son uno de los factores que más afectan la calidad de vida y la capacidad de independencia de las personas. Por eso resulta tan relevante identificar estrategias que contribuyan a mejorar estas funciones”, señala el académico.
Memoria de trabajo
La investigación revisó más de 1.500 publicaciones científicas y seleccionó las más rigurosas para evaluar el impacto del ejercicio sobre las denominadas funciones ejecutivas, es decir, las habilidades mentales que permiten organizar información, tomar decisiones, controlar impulsos y adaptarse a situaciones nuevas. Tras el análisis, los investigadores detectaron que la memoria de trabajo presentó mejoras estadísticamente significativas en quienes participaron en programas de actividad física, principalmente ejercicios aeróbicos. “La memoria de trabajo es indispensable para actividades tan cotidianas como seguir instrucciones, recordar información mientras realizamos una tarea o mantener una conversación. Encontrar evidencia de que el ejercicio puede fortalecer esta capacidad es una noticia muy positiva para pacientes, familias y equipos clínicos”, afirma el Dr. Campos.
Beneficios
Más allá de los resultados específicos, el estudio también pone sobre la mesa una discusión de creciente interés en la comunidad científica: la necesidad de incorporar enfoques integrales en el tratamiento de los trastornos mentales. La evidencia indica que las personas con esquizofrenia suelen presentar niveles más bajos de actividad física y una mayor tendencia al sedentarismo, factores que además pueden incrementar el riesgo de enfermedades cardiovasculares, obesidad y diabetes. “Muchas veces existe la percepción de que las intervenciones en salud mental deben limitarse al ámbito farmacológico o psicológico. Sin embargo, el cuerpo y el cerebro funcionan de manera integrada. El movimiento genera cambios biológicos, neuroquímicos y funcionales que también impactan en la salud mental”, explica el especialista.
Entre los posibles mecanismos que explicarían estos beneficios, los investigadores mencionan procesos asociados a la neuroplasticidad, la capacidad que tiene el cerebro para adaptarse y formar nuevas conexiones neuronales. “El ejercicio no reemplaza los tratamientos convencionales ni constituye una cura para la esquizofrenia. Lo que muestran los resultados es que puede transformarse en un complemento valioso dentro de una estrategia terapéutica más amplia, ayudando a potenciar capacidades que son fundamentales para la vida diaria”, precisa el Dr. Campos.
Un consenso cada vez más sólido
Los hallazgos adquieren especial relevancia si se considera el creciente interés por desarrollar terapias accesibles, de bajo costo y con múltiples beneficios para la salud. Por ello, para el investigador, “la evidencia demuestra que, cuando reciben intervenciones adecuadas y oportunidades de participación, las personas con esquizofrenia pueden mejorar capacidades que históricamente se consideraban difíciles de modificar. Debemos avanzar hacia modelos de atención más integrales, centrados en las potencialidades de las personas y no solo en sus limitaciones”, sostiene.
Aunque los autores reconocen que todavía se requieren nuevas investigaciones para determinar qué tipos de ejercicio son más efectivos, cuál es la intensidad ideal y cuánto tiempo deben mantenerse las intervenciones, los resultados refuerzan un consenso cada vez más sólido: la actividad física no solo beneficia al cuerpo, sino también al cerebro. “El desafío ahora es seguir generando evidencia y transformarla en acciones concretas. Si logramos incorporar el ejercicio como parte habitual de los programas de rehabilitación en salud mental, estaremos ampliando las oportunidades de bienestar, autonomía e inclusión para miles de personas”, concluye el Dr. Christian Campos. (Angie Gatica U., periodista).





