De Claudia Figueroa L.
Máster en Desarrollo Cognitivo
Escuela de Fonoaudiología UNAB
Las personas autistas o con los desafíos del neurodesarrollo no sólo pueden presentar un perfil sensorial altamente sensible, sino que además suelen ver un procesamiento de la información que puede verse saturada con menos exposición o en un menor tiempo que en la población normal típica. En este sentido las Fiestas Patrias, con espacios masivamente ocupados, de alto volumen de música -sumado al habla conversacional- puede afectar inevitablemente no sólo a la sensación de bienestar de los menores, produciendo alta irritabilidad o desorganización de la conducta dado el stress del sistema cognitivo, sino que también a su familia, que se ven limitadas en el proceso de exposición y participación de estas celebraciones.
En este sentido puede ser importante realizar algunos cambios o promover una participación más controlada, con estrategias como evitar cambios de rutinas repentinos o abruptos en los menores con autismo. Promover siempre una actividad de manera anticipada, entregando los detalles más relevantes como “estaremos en un lugar con personas” “hay música” “vamos a comer algo que te gusta” etc. Utilizar estrategias de modulación sensorial tales como uso de protectores auditivos, objetos transicionales o lugares que cuente con espacios en que se puedan alejar del ruido extremo o aumento de las personas que circulan, mantener a pesar de las celebraciones, las rutinas de sueño y alimentación, lo más ajustadas posibles a la vida cotidiana.
También se recomienda evitar prolongar actividades por tiempo indefinido. Participar no significa estar inevitablemente todo el día en espacios que no son lo habituales, así como también estar atentos al aumento de autoestimulación, ya que puede provocar angustia, o incomodidad de los menores con planes de contingencia que les permita a todos responder de la manera más calma y planificada posible. En tanto, como señal de alerta, el aumento excesivo de la irritabilidad o disminución de la tolerancia a las actividades que antes disfrutaba o al menos no producían reacciones adversas, puede ser una señal de saturación de los menores con desafíos del neurodesarrollo a lo que se debe estar atento.
Si bien, las respuestas pueden ser muy variadas, la estrategia principal es promover el bienestar en los menores, sin llegar a los niveles de frustración ni en el entorno ni en ellos mismos por el cambio de rutinas. Para ello, la clave siempre está en reconocer las incomodidades que tienen los menores y gestionar de manera consciente planes alternativos y a tiempo que permitan una reacción de cuidado y bienestar.





