No Quiero Ser Madre

“¿Y cuándo tendrás hijos?”, “Te vas a arrepentir”, “Ya cambiarás de opinión”. Para muchas mujeres, decir “no quiero ser madre” abre un interrogatorio. Tras estas frases persiste la idea de que la maternidad sería el destino natural de toda mujer, y que no elegirla exige una explicación.

La maternidad puede ser una experiencia valiosa y transformadora, pero sólo adquiere verdadero sentido cuando es elegida. Los derechos sexuales y reproductivos incluyen decidir si tener hijos, cuándo y cuántos, sin coerción ni discriminación. El Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA, 2025) denomina “agencia reproductiva” a la capacidad real de tomar estas decisiones: construir la familia, o la vida, que cada persona desea. Chile atraviesa una acelerada transformación demográfica. El INE informó que entre 1993 y 2025 la Tasa Global de Fecundidad (TGF) cayó un 59,4%. Por primera vez se encuentra por debajo de un hijo por mujer, con 0,99 nacidos vivos en promedio, mientras la edad media de la fecundidad pasó de 27 años en 1993 a 30 en 2025. Pero estas cifras no significan que todas las mujeres sin hijos hayan elegido no tenerlos.

Conviven realidades muy distintas: la decisión de no maternar, la postergación y la imposibilidad asociada a costos, empleo, cuidados, infertilidad o ausencia de una pareja corresponsable. Como ha mostrado la socióloga chilena Martina Yopo, las transformaciones reproductivas se sitúan entre una mayor autonomía femenina y la precariedad de las condiciones para tener y criar hijos. Yopo utiliza el concepto de “infertilidad estructural” para describir esta falta de condiciones. Antes de cuestionar o intentar convencer, debemos reconocer que cada trayectoria contiene una historia que no estamos autorizados a juzgar.

Esta transformación también se observa entre las jóvenes. Un estudio chileno de 2025 encontró que un 52% de las universitarias encuestadas inicialmente no deseaba tener hijos, aunque parte podría reconsiderarlo. La muestra corresponde a una sola universidad y no representa a todas las jóvenes chilenas, pero evidencia que la maternidad ya no es asumida como única fuente de realización. La evidencia internacional señala, además, que quienes eligen una vida sin hijos enfrentan estereotipos: ser egoístas, inmaduras o destinadas al arrepentimiento. Una revisión académica de Oxford (Hintz y Tucker, 2023) concluye que estas sanciones recaen especialmente sobre las mujeres. A los hombres rara vez se les exige justificar con igual intensidad su decisión de no ser padres.

¿Cómo afrontar las críticas? Primero, comprendiendo que una decisión íntima no necesita defensa pública. Respuestas como “es una elección personal y estoy en paz con ella” o “prefiero no conversar sobre mi vida reproductiva” permiten establecer límites. Segundo, diferenciando una pregunta genuina de una opinión invasiva: no toda provocación merece debate. Tercero, buscando vínculos donde la identidad no sea reducida a la maternidad. Quienes acompañamos desde la salud, la educación o la familia no estamos para convencer, sino para escuchar, informar y respetar. Elegir ser madre y elegir no serlo son decisiones legítimas. Reconozcamos múltiples formas de vivir, cuidar, vincularse y dejar huella.

*  Macarena Arriagada Belmar, directora de Obstetricia, Universidad Andrés Bello