Llevar agua a los cultivos en la precordillera de Alto Biobío siempre ha sido una tarea de esfuerzo, paciencia y espaldas cansadas. Para Amalia Rapi, agricultora pehuenche del sector Callaqui, el día a día implicaba largas horas de riego manual para mantener vivas sus plantaciones. Sin embargo, su historia y la de su tierra acaban de dar un giro definitivo hacia el futuro: Amalia se ha convertido en la pionera del primer sistema de riego fotovoltaico de la comuna.
Conocida en la zona por su versatilidad, Amalia es usuaria del Programa de Desarrollo Territorial Indígena (PDTI) —ejecutado por INDAP en convenio con el municipio local—. En su predio no solo cultiva frutillas, frambuesas y hortalizas, sino que también rescata tesoros locales como el topinambur, elabora harina de avellana y piñón, y teje artesanías en lana de oveja. Su empuje la llevó a postular a este proyecto con una meta clara: optimizar el tiempo y asegurar un suministro hídrico regular y eficiente.
Sol, agua y tecnología sostenible
El nuevo sistema, que capta y distribuye el agua utilizando la energía del sol, fue recibido oficialmente por un equipo técnico de INDAP liderado por Karen Valenzuela, jefa regional de la Unidad de Fomento de la institución.
Para Valenzuela, este proyecto —que demandó una inversión superior a los 10,6 millones de pesos— es solo el comienzo de una transformación mayor, siendo la primera de cinco obras de este tipo proyectadas para la zona.
«Esta es una experiencia totalmente innovadora para el territorio. No solo buscamos mejorar la calidad de vida de las familias, sino también fortalecer su capacidad productiva utilizando tecnologías sostenibles que aseguren el agua en tiempos complejos».
El impacto de la llegada de la energía solar a la agricultura de Alto Biobío resuena con fuerza en la comunidad. El alcalde de la comuna, Félix Vita, se reunió con los equipos técnicos y representantes de INDAP para analizar el despliegue de estas políticas, destacando el millonario fondo de más de 92 millones de pesos que la institución técnica destinará este año a programas de riego en la zona.
Con este panel fotovoltaico apuntando al cielo cordillerano, los cultivos de Amalia Rapi ya no dependen del esfuerzo manual diario. Ahora, la tecnología y el sol trabajan a favor de la seguridad alimentaria y el desarrollo de la comunidad pehuenche.
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