La jibia en Chile se encuentra en una encrucijada donde la abundancia en el mar choca drásticamente con la crudeza del mercado global. Mientras las redes siguen saliendo llenas, las cajas registradoras de las caletas y plantas procesadoras acusan el golpe de un escenario internacional implacable. Ante esto, la Subsecretaría de Pesca y Acuicultura (Subpesca) ha sido clara: el viejo modelo de extraer y exportar materia prima sin procesar ya no es sostenible. La consigna ahora es transformar el recurso y blindar la economía costera.
Participación regional en la pesquería de la jibia
| Región | Participación estimada | Características principales del sector |
| Región del Biobío | ~49% a 50% | Líder absoluto a nivel nacional. Cuenta con la mayor concentración de plantas procesadoras y una altísima actividad tanto de la flota artesanal como de plantas de consumo humano directo. Lebu es la ciudad que más volumen de jibia extrae, produce y exporta en el país. |
| Región de Valparaíso | ~29% | Segundo lugar histórico. Destaca por una fuerte y organizada flota pesquera artesanal (pesca con línea de mano o «potera»). |
| Región del Maule | ~14% | Tercer lugar. Actúa como un importante punto de desembarque de la zona centro-sur, complementando el abastecimiento industrial. |
| Región de Coquimbo | ~7% | Cuarto lugar. Representa el límite norte de la zona de mayor abundancia constante del recurso. |
| Otras regiones (Arica a Magallanes) | Menor al 1% | Desembarques esporádicos u ocasionales dependiendo de las migraciones y la temperatura del agua. |
Anatomía de una tormenta perfecta
A diferencia de otras crisis pesqueras, el problema actual de la jibia no es ambiental ni biológico. Hay recurso, y de sobra. El verdadero nudo es financiero y responde a dos factores principales:
- Saturación del mercado: Un aumento agresivo en la oferta de competidores directos como Perú y Argentina.
- Guerra de precios: Una fuerte debilidad en la cadena de comercialización global que ha desplomado el valor del producto.
El Subsecretario de Pesca y Acuicultura, Osvaldo Urrutia, enfatizó que responsabilizar a las normativas internas es un diagnóstico errado.
«Hoy estamos enfrentando una crisis económica derivada de condiciones internacionales de mercado y no de una falta de recurso o de cambios regulatorios internos. El desafío de Chile no puede limitarse únicamente a extraer y exportar materia prima; debemos avanzar decididamente hacia una estrategia de valor agregado para la jibia nacional».
— Osvaldo Urrutia, Subsecretario de Subpesca.
Para la autoridad, la dependencia exclusiva de los precios de los commodities internacionales deja a las familias pesqueras en una vulnerabilidad constante. La solución de fondo pasa por rediseñar la cadena productiva, idear nuevos productos derivados y conquistar nuevos nichos comerciales.
Radiografía del desplome (2025-2026)
El impacto del mercado global se ha sentido con fuerza en el litoral chileno, especialmente entre Coquimbo y Biobío, las zonas que concentran la mayor actividad de esta pesquería que se extiende por todo el país. Aunque la cuota global para este año se fijó en unas sólidas 200 mil toneladas, las cifras comerciales del primer trimestre revelan un panorama preocupante:
| Indicador Económico | Variación / Impacto Actual |
| Valor de Exportaciones | Caída estrepitosa superior al 84% (vs. primer trimestre 2025). |
| Precio Promedio | Contracción cercana al 48%. |
| Infraestructura Activa | Cierre de operaciones: de 64 plantas procesadoras en 2025 a solo 55 este año. |
| Producción Industrial | Reducción del 35% en la actividad de procesamiento. |
Innovación sobre regulación: El camino a seguir
Desde Subpesca advierten que desviar la atención hacia disputas regulatorias solo postergará la solución. La verdadera batalla se gana con competitividad, diversificación e innovación tecnológica en las caletas y plantas.
El plan de acción propuesto busca mutar la jibia tradicional en productos sofisticados de exportación, lo que no solo estabilizaría los ingresos frente a los vaivenes internacionales, sino que inyectaría dinamismo, empleo y estabilidad social a las regiones costeras. El futuro del sector ya no se define solo en el agua, sino en la capacidad creativa de su cadena de valor.
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