Perú contiene el aliento. Tras una década de terremotos políticos y presidentes caídos en desgracia, más de 27,4 millones de ciudadanos están convocados a las urnas este domingo para definir el rumbo del país para el período 2026-2031. No es una elección cualquiera: es un plebiscito sobre la identidad misma de la nación, fracturada entre la derecha de Keiko Fujimori y la izquierda radical de Roberto Sánchez.
El silencio electoral ya rige en las calles tras un cierre de campaña frenético en Lima. La ley ha apagado los micrófonos y prohibido los mítines, dejando a los candidatos relegados a los últimos contactos con la prensa. Sin embargo, la procesión va por dentro: bajo la superficie de la veda de encuestas oficiales, los sondeos privados que se filtran en redes sociales hablan de un empate técnico de infarto, con una ventaja milimétrica para Sánchez.
Dos discursos, dos promesas de salvación
La última noche de campaña reflejó a la perfección el abismo que separa a ambos proyectos. Lejos de proponer puentes, los discursos de clausura se convirtieron en un cruce de acusaciones mutuas sobre quién es el verdadero responsable de la crónica inestabilidad peruana.
Más de 27,4 millones de ciudadanos están convocados a las urnas este domingo para definir el rumbo del país para el período 2026-2031.
- Keiko Fujimori y la redención del apellido: En su cuarto intento por alcanzar el sillón presidencial —tras morder el polvo en los balotajes de 2011, 2016 y 2021—, la heredera del fujimorismo juega la carta de la estabilidad. Con la promesa de no buscar la reelección inmediata, juró lograr la «reconciliación nacional» en cinco años, intentando sacudirse el fantasma del autoritarismo de los años noventa.
- Roberto Sánchez y el eco de la confrontación: Desde la vereda opuesta, Sánchez capitalizó el descontento social apuntando al fujimorismo y a sus aliados en el Congreso como los arquitectos de la crisis actual. Prometió derogar las polémicas «leyes procrimen» aprobadas por el Legislativo y, en un movimiento que encendió las alarmas de la oposición, ratificó su intención de indultar al expresidente Pedro Castillo, condenado a más de 11 años de prisión tras su fallido golpe de Estado.
Un país blindado y en pausa
Para evitar que la polarización de las calles degenere en violencia, el Estado ha activado un estricto protocolo de restricciones que congela la vida social del país durante el fin de semana:
- Cárcel para los infractores: Cualquier reunión o manifestación política desde el viernes se castiga con penas de hasta dos años de prisión.
- Ley Seca: La venta de alcohol queda estrictamente prohibida desde la mañana del sábado hasta el lunes.
- Perímetro de seguridad: El domingo, los espectáculos públicos quedan suspendidos y no se permitirán aglomeraciones a menos de 100 metros de los centros de votación entre las 7:00 y las 17:00 horas.
El desafío para el próximo gobernante no será menor: liderar un país que ha devorado a ocho mandatarios en una década y convencer a una masa crítica de votantes indecisos que el domingo irán a las urnas no por convicción, sino por descarte. Perú elige mañana su destino, caminando sobre la cuerda floja.
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