Santiago se mueve rápido en el tablero internacional. Ante la recomendación preliminar de la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR) de aplicar aranceles de entre el 10% y el 12,5% a naciones que carezcan de mecanismos estrictos contra la importación de productos derivados del trabajo forzoso, la diplomacia chilena ha optado por la cautela estratégica y el despliegue técnico. Desde el gobierno enfatizan que la medida se encuentra en una fase temprana de consulta pública y que el país ya juega sus cartas en Washington.
La respuesta chilena no es aislada. Bajo la coordinación del Ministerio de Relaciones Exteriores, se ha estructurado un frente de trabajo tripartito junto a las carteras de Hacienda y Trabajo. Esta mesa técnica, alineada bajo las directrices de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), afina los antecedentes y la argumentación legal que presentará ante la administración estadounidense para demostrar los altos estándares regulatorios que rigen en el mercado local.
Un frente común con el sector privado
Conscientes del impacto que un gravamen de esta naturaleza podría tener en la competitividad, la Cancillería chilena mantiene un canal de comunicación permanente y transparente con los principales gremios e industrias exportadoras del país. El objetivo es claro: actuar en bloque, uniendo la fuerza del sector público y privado para mitigar cualquier riesgo que amenace los envíos nacionales al mercado norteamericano.
Una revisión global, no un ataque selectivo
Fuentes diplomáticas recuerdan que este endurecimiento de las condiciones no es un traje a la medida para Chile. Se trata de una reconfiguración transversal de la política comercial de la Casa Blanca que mantiene bajo la lupa a más de 60 economías globales.
El alcance de la investigación estadounidense es masivo: los países bajo análisis representan el 99,4% de sus importaciones totales, afectando a socios estratégicos de la envergadura de la Unión Europea, China, México, Canadá, Australia, Corea del Sur y Argentina.
El camino hacia adelante
Chile apuesta por mantener los canales de negociación abiertos mediante un diálogo constructivo que resguarde los intereses de las empresas locales. La meta final de la delegación nacional es desactivar la aplicación de estas barreras arancelarias, promoviendo soluciones técnicas que no alteren el histórico dinamismo ni los beneficios mutuos que sostienen la relación comercial bilateral entre ambos países.
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