La industria naval chilena alcanzó un nuevo hito en Valdivia. En una ceremonia que simboliza la solidez de la colaboración público-privada, ASMAR Talcahuano y el astillero ASENAV formalizaron la entrega de las dos primeras barcazas de desembarco del Proyecto Escotillón IV. Estas unidades están diseñadas para operar como el brazo logístico de los futuros buques multipropósito que la Armada de Chile integrará a su flota.
Colaboración nacional con visión de Estado
El evento, realizado en las instalaciones de ASENAV, subrayó el éxito de la articulación entre el astillero estatal y la industria privada. Para el Contraalmirante José Miguel Hernández, director de ASMAR, esta entrega es la materialización de la Política Nacional de Construcción Naval: «Este proyecto muestra que la sinergia entre ASMAR y ASENAV traduce experiencia aplicada en capacidades reales para el país», afirmó.
Por su parte, Fernando Rodríguez, gerente general de ASENAV, destacó que el cumplimiento de los exigentes estándares técnicos y plazos refuerza la soberanía industrial: «Estamos proyectando una base sólida para los desafíos futuros de la industria marítima nacional».
Ingeniería diseñada para el terreno
Fabricadas íntegramente en acero naval, estas barcazas son piezas de ingeniería de precisión, pensadas para la compleja geografía costera de Chile. Sus dimensiones —19,78 metros de eslora y 5,6 metros de manga— se complementan con un bajo calado de apenas 1,1 metros, característica técnica que les permite:
- Acceso a zonas críticas: Aproximarse a orillas poco profundas donde otros buques no pueden llegar.
- Capacidad de carga: Transportar camiones y equipos pesados de hasta 30 toneladas.
- Versatilidad operativa: Facilitar tanto el apoyo logístico militar como labores de ayuda humanitaria en zonas aisladas.
Hacia el próximo gran hito: El buque «Magallanes»
Esta entrega es solo el preámbulo de un plan de mayor envergadura. Las barcazas se integrarán a los dos buques multipropósito que actualmente se construyen en ASMAR Talcahuano. De hecho, el cronograma ya apunta hacia mediados de junio de 2026, fecha en la que se prevé la botadura del «Magallanes», el primero de los grandes buques de esta clase.
Con este paso, Chile no solo renueva su capacidad de respuesta operativa y logística en el mar, sino que consolida a sus astilleros locales como referentes regionales en construcción naval de alta complejidad.
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