En el complejo escenario de la educación pública, surge una pregunta que desafía el modelo tradicional: ¿Qué determina realmente una buena nota? Una exhaustiva investigación liderada por la Dra. Angélica Vera, académica de la Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC), ha puesto cifras a lo que muchos sospechaban: en contextos de alta vulnerabilidad, la confianza y la resiliencia pesan tanto como los libros de texto.
El estudio, respaldado por un proyecto Fondecyt, analizó a una muestra masiva de 4.391 estudiantes de 5° a 8° básico en 57 establecimientos de las provincias de Concepción, Biobío y Arauco. Los resultados son reveladores: el rendimiento académico no es solo una cuestión de intelecto, sino de atribución emocional.
El poder de creer que se puede
La investigación descubrió que la clave del éxito radica en cómo el alumno interpreta sus resultados. Los estudiantes que asumen que su éxito depende del esfuerzo personal (factores controlables) muestran mayor persistencia y mejores calificaciones. Por el contrario, aquellos que culpan a la «mala suerte» o a una supuesta «falta de capacidad» entran en un círculo de desmotivación y riesgo de abandono.
«Cuando un estudiante cree que puede mejorar a través de su esfuerzo, se compromete más. Pero cuando piensa que fracasa porque ‘no nació para esto’, el riesgo de deserción es inminente», explica la Dra. Vera.
Hallazgos clave: Género, convivencia y NEE
El estudio no solo midió promedios, sino que desglosó la realidad del aula en Biobío:
- Brecha de género: Mientras los varones tienden a atribuir sus logros al esfuerzo, las mujeres suelen responsabilizarse del fracaso por factores que sienten que no pueden controlar, lo que golpea su autoconfianza.
- Necesidades Educativas Especiales (NEE): Para estos alumnos, el entorno es crítico. Atribuir el éxito al esfuerzo potencia su rendimiento, mientras que el estigma de la «falta de capacidad» se convierte en su principal barrera.
- Convivencia escolar: El aula no es solo un lugar de instrucción, es un ecosistema. Un clima de respeto e inclusión es el fertilizante directo para mejores aprendizajes; el conflicto, en cambio, anula cualquier método pedagógico.
De la teoría a la sala de clases
Lejos de quedarse en un estante académico, el proyecto ya ha capacitado a más de 150 docentes de la región en estrategias para fortalecer la autoestima y la convivencia. Además, los hallazgos darán vida al libro “Procesos psicosociales y rendimiento escolar”, que será publicado en formato digital y de acceso abierto para toda la comunidad educativa y que pertenece a la Dra., Angélica Vera.
Este trabajo de la UCSC invita a las políticas públicas a dar un giro urgente: dejar de mirar solo la nota en el papel y empezar a nutrir el bienestar emocional de los niños y niñas del Biobío como la verdadera llave para cerrar las brechas educativas.





