En el corazón de la alta cordillera, donde el clima dicta las reglas de supervivencia, la Asociación Agrícola Pehuen Mawida ha comenzado a escribir un nuevo capítulo en su historia ganadera. Ante la llegada de un invierno que no perdona, 29 familias pehuenches han recibido una herramienta clave para blindar su patrimonio cultural y económico: una moderna enfardadora de alta tecnología.
Con una inversión de $28.084.000, gestionada por INDAP Biobío a través de su Programa de Inversiones Asociativas (PDI) y potenciada por un aporte de ENEL, esta maquinaria no es solo fierro y motor; es la garantía de que el ganado ovino, bovino y caprino tendrá alimento cuando la nieve cubra las praderas.
De la emergencia a la resiliencia
Durante años, la respuesta al crudo invierno en Alto Biobío fue la entrega asistencial de sacos de alimento. Sin embargo, el escenario de crisis climática —marcado por sequías estivales y fríos extremos— exigía un cambio de paradigma. Solo en 2024, el Estado debió invertir más de 400 millones de pesos en forraje de emergencia para sostener a cerca de 40 mil animales en la zona.
Nueva Perspectiva
«Ya no queremos depender únicamente de los sacos de concentrado ante la crisis. Con esta inversión, buscamos que los propios productores aprovechen la riqueza de sus praderas. El objetivo es que la comunidad esté preparada de antemano, adaptándose a la nueva realidad climática con herramientas propias». Asegura la directora regional de INDAP Biobío, Fabiola Lara.
La voz de la comunidad: «Ser más autónomos»
Para los habitantes de Pehuen Mawida, la llegada de la enfardadora reduce drásticamente las horas de trabajo físico y maximiza la eficiencia. Rosa Ñeicuman, secretaria de la asociación, refleja el sentimiento de alivio que recorre la comunidad:
«Tener nuestro propio forraje nos hace más independientes. Sabemos que el clima está cambiando y que la ayuda del Estado no siempre puede estar ahí. Ahora, el proceso es más sencillo: mandamos a cortar, rastrillamos y guardamos. Es un gran respaldo para todos».
Un apoyo integral en el territorio
El impacto de esta maquinaria se suma al trabajo permanente que INDAP despliega en la zona a través del Programa de Desarrollo Territorial Indígena (PDTI), que hoy atiende a cerca de 2.400 usuarios. Si bien la ganadería es el latido vital de Alto Biobío, el apoyo institucional también se diversifica hacia otros pilares de la economía local:
- Apicultura: Fortalecimiento de la miel de montaña.
- Artesanía y Turismo: Puesta en valor de la cultura pehuenche.
- Sustentabilidad: Mitigación de la erosión del suelo y control de la sobrecarga animal.
Este avance en la alta cordillera demuestra que, cuando la inversión pública y la organización indígena convergen, es posible transformar la vulnerabilidad en soberanía alimentaria.
SOJ





