Han pasado 16 años desde aquella madrugada en que Chile cambió para siempre. El 27 de febrero de 2010, a las 03:34 horas, la tierra se sacudió con una fuerza brutal y, minutos después, el mar irrumpió en nuestras costas recordándonos cuán frágiles somos frente a la naturaleza. El terremoto y tsunami del 27/F no solo destruyeron ciudades y pueblos enteros; también fracturaron certezas, rutinas y miles de proyectos de vida.
El recuerdo sigue vivo. Vive en las ausencias, en las fotografías que ya no pueden repetirse, en las casas que nunca volvieron a levantarse del todo y en las comunidades que aún cargan heridas abiertas. Recordar el 27/F no es un ejercicio nostálgico ni una mirada anclada en el pasado: es un deber ético con quienes lo perdieron todo y, especialmente, con quienes perdieron a alguien.
Pero Chile no es solo memoria del dolor. Es, sobre todo, un país que aprendió a convivir con ese recuerdo sin dejarse paralizar por él. La resiliencia se convirtió en un rasgo colectivo, casi silencioso, que se manifestó en la solidaridad espontánea, en los vecinos que se organizaron sin esperar instrucciones, en los voluntarios que llegaron cuando aún no había caminos ni comunicaciones. Allí, en medio del caos, emergió lo mejor de nosotros.

Dieciséis años después, esa resiliencia sigue siendo una lección vigente. Nos enseñó que la reconstrucción no es solo material, sino también social y emocional. Que levantar muros y caminos es tan importante como recomponer confianzas, fortalecer comunidades y aprender de los errores. Porque el 27/F también dejó al descubierto falencias del Estado, descoordinaciones graves y decisiones que costaron vidas. Recordar es, por tanto, una forma de exigir que nunca más la improvisación y la negligencia se impongan sobre la prevención y la responsabilidad.
Chile es un país sísmico, y eso no cambiará. Lo que sí puede y debe cambiar es nuestra capacidad de anticiparnos, de educar, de planificar y de responder con humanidad y eficacia. La memoria del 27/F no debe ser solo una fecha en el calendario, sino una guía permanente para las políticas públicas, la planificación urbana y la protección civil.
Hoy conmemoramos con respeto y recogimiento, pero también con convicción. Convicción de que, pese al dolor, supimos levantarnos. De que la resiliencia no niega la tragedia, sino que la enfrenta con dignidad. Y de que Chile, marcado por la fuerza de la naturaleza, ha sabido transformarla en una fuerza moral: la de un país que recuerda, aprende y vuelve a ponerse de pie.
Robert Contreras Reyes
Abogado y Ex Gobernador de la Provincia de Concepción
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