Lo que comenzó como una noche de fortuna en el Casino de Viña del Mar se ha transformado en un complejo laberinto legal. La empresaria Lilian Tumani pasó de la euforia a la indignación en cuestión de minutos: tras ver en pantalla un premio astronómico de $3.816.219.496, el personal del recinto —que inicialmente la felicitó— dio pie atrás, alegando que la cifra no era más que un «error de software».
Hoy, la disputa ha escalado hasta la Superintendencia de Casinos de Juego (SCJ) y los tribunales, poniendo bajo la lupa la transparencia de los sistemas de azar en Chile.
El origen del conflicto
El 21 de noviembre de 2025, el concesionario Casino del Mar formalizó su negativa al pago. Según el escrito presentado por la defensa de Tumani, la empresa atribuyó el comportamiento de la máquina a una falla técnica. Ante la negativa de entregar copias de los registros y grabaciones de esa noche, la empresaria inició una ofensiva judicial que busca no solo el cobro del premio, sino también una indemnización por perjuicios.
Hitos del caso:
- 3 de diciembre de 2025: Reclamo formal ante la SCJ.
- 5 de diciembre de 2025: El regulador oficia al casino exigiendo antecedentes.
- 15 de abril de 2026: Fecha clave. Ambas partes están citadas a una audiencia de exhibición de documentos para transparentar los registros del equipo.
La clave técnica: ¿Manda la pantalla o el código?
Desde la perspectiva legal, el caso no se definirá por la emoción de la jugadora ni por la foto de la pantalla, sino por la verificación técnica del resultado.
El Catálogo de Juegos de la SCJ es estricto, según expertos: «Lo determinante es verificar si el resultado obtenido coincide con la tabla de pagos y las reglas homologadas para esa máquina». Si la máquina mostró un número que no existe en su configuración autorizada, podría considerarse una «jugada irregular». Sin embargo, si los registros del Sistema de Circuito Cerrado de TV (CCTV) y los logaritmos del sistema confirman que la jugada fue válida, el casino está obligado a pagar.
El derecho del consumidor en el juego
Por otro lado, surge el debate sobre la responsabilidad del operador. Sebastián Benedetti, abogado socio de CBC Abogados, enfatiza que los asistentes a un casino son, ante todo, consumidores.
Si el casino sostiene que hubo una falla, debe demostrarlo y probar que dicha falla no es fruto de su propia negligencia en el mantenimiento de la máquina.
¿Qué está en juego?
El desenlace de esta controversia sentará un precedente vital para la industria. Si los peritajes técnicos demuestran que el premio fue legítimo bajo las reglas del software, el Casino de Viña enfrentará uno de los pagos más altos en la historia del país. Si, por el contrario, se acredita el error sistémico, la discusión se trasladará a la responsabilidad del casino por ofrecer máquinas con fallas que generan falsas expectativas en los usuarios.
Por ahora, todas las miradas están puestas en la audiencia de abril, donde los registros digitales dirán la última palabra.
SOJ





