La pesadilla de Nicolás Jarry parece no tener fin. Lo que debía ser una noche de redención en la arcilla de San Carlos de Apoquindo terminó convertida en una nueva decepción para el tenis nacional. El actual 155° del mundo no pudo sacudirse el letargo y cayó en su debut ante el joven croata Dino Prizmic (120°), firmando una estadística que duele: 10 torneos y 10 derrotas consecutivas.
En un escenario cargado de simbolismo —el court central que lleva el nombre de su abuelo, Jaime Fillol—, Jarry se despidió tras una batalla de dos horas y 38 minutos que terminó por sentenciar el europeo con parciales de 6-3, 5-7 y 6-2.
Un espejismo en la precordillera
El inicio del encuentro fue un intercambio de golpes que ilusionó a los presentes. Tras un arranque sólido de Prizmic, Jarry respondió con agresividad. El «Nico» logró quebrar temprano y adelantarse 3-1, mostrando destellos de ese juego potente que alguna vez lo llevó a la élite. Sin embargo, la ventaja fue un castillo de arena.
El croata, de apenas 20 años, recuperó el quiebre en el sexto juego aprovechando las imprecisiones de un Jarry que empezó a extraviar la brújula. Entre errores no forzados y un revés paralelo implacable del visitante, el primer set se le escapó al chileno en un abrir y cerrar de ojos: un 6-3 que dejó en silencio a la tribuna.
La lucha contra los fantasmas
La segunda manga fue un ejercicio de resiliencia. Jarry, visiblemente frustrado pero empujado por el público, logró sostener sus turnos de saque a pesar de no sentirse cómodo con sus golpes. El partido se volvió una guerra de nervios donde ninguno cedía, llegando a un tenso 5-5.
Fue en el duodécimo juego donde apareció el temple del santiaguino. Aprovechando un bache de desconcentración de Prizmic, Jarry forzó el error del europeo y quebró en el momento justo para llevarse el set por 7-5. Parecía que el guion del partido estaba a punto de cambiar.
Un desenlace sin respuestas
Pero el impulso anímico se evaporó en el set definitivo. Prizmic, lejos de amilanarse por el empate, salió a morder en el tercer parcial. Jarry, asfixiado por sus propios errores y un lenguaje corporal que denotaba desgano, cedió dos quiebres consecutivos que lo dejaron rápidamente 0-3 abajo.
La desesperación fue el rival más duro para el chileno, que no encontró respuestas tácticas ante la solidez del balcánico.
Aunque logró recuperar un quiebre, el servicio volvió a traicionarlo de inmediato. Prizmic no perdonó y, pese a que Jarry salvó varios puntos de partido en un último arranque de orgullo, el croata selló el 6-2 final en el octavo juego.
Con esta derrota, Nicolás Jarry abandona el torneo de casa con la cabeza baja, sumido en una crisis de confianza que hoy, en el court de su propia familia, se hizo más evidente que nunca.
SOJ





