Según observamos en los siniestros recientes, se confirma una vez más, que quienes más sufren son las personas mayores por cuanto carecen en su mayoría de redes que puedan llegar de manera oportuna durante la contingencia y luego de ella. Habitualmente las personas mayores tienen menos personas en torno suyo y viven apartadas. Por ello, es muy importante que exista un registro georeferenciado en los departamentos de Salud Municipal o también el área de Desarrollo Comunitario, que permita la pronta ubicación de las personas en caso de una emergencias, pero también es necesario conocer su realidad vital, sus familiares y amigos, que aunque pueden estar distanciados olejos, son siempre el primer recurso al que se debe apelar.
Una segunda reflexión es escucharlos antes de actuar y juntos levantar las brechas por resolver. En última instancia las persona mayores tienen mucho más que decir frente a las vicisitudes de la vida, porque han vivido más.
Una tercera reflexión, es más bien de orden valórico. La atención qué se debe otorgar debe ser sobre todo una relación de respeto basada en la autodeterminación y en el derecho a elegir por sí mismo, evitando imponer opciones que puedan tener mucho sustento técnico, pero carentes de sentido para el propio afectado.
El lenguaje es otra dimensión que requiere una mirada de mayor empatía para evitar llamarlos abuelitos o abuelitas o ancianos o viejitos o calificativos similares que muchas veces resultan ser, sin quererlo ofensivos.
Es muy importante generar diálogo y darse el tiempo para ello, de forma tal, de construir un relato basado en los recursos remanentes que existen en la propia persona antes de llegar con todo tipo de acciones benéficas que suelen ser la consecuencia de la ayuda espontánea que surge por todos lados.
Los mayores que viven solos y son afectados por una crisis aumentan enormemente su vulnerabilidad, por lo que un apoyo psicológico simple, basado en el reconocimiento de la persona y de sus recursos pese a la emergencia puede ser un buen paso para fortalecerlos. No son sujetos carentes absolutos, ni tampoco personas incapacitadas en todos los planos, por eso es bueno subrayar lo que ellos son capaces de hacer y nosotros reconocer.
Luego hay que tener respeto por el pudor y evitar su exposición al público de forma tal de proteger sus nombres sus historias y sus condiciones sobre todo de los «visitantes» con cámara en mano que llegan a narrar hechos para las redes sociales.
El trabajo con la persona sufriente requiere respeto por sobre todo, junto con una especial atención por su vida y su sufrimiento
Dr. Patricio Torres Castillo
Docente universidad Santo Tomás
Secretario General de la red iberoamericana de envejecimiento saludable
Ríes Gaudium





