La coexistencia entre grandes extensiones de plantaciones forestales y zonas densamente pobladas ha transformado el paisaje del centro-sur de Chile en un escenario de alta vulnerabilidad. Según recientes estudios analizados por el académico Martín Jacques, la complejidad de esta emergencia exige dejar atrás las respuestas genéricas y avanzar hacia estrategias de prevención diseñadas a la medida de cada territorio.
La urgencia de un enfoque diferenciado
El riesgo no se manifiesta de la misma forma en todas las latitudes. Mientras que en el Gran Valparaíso el peligro principal reside en la abundancia de matorrales, en regiones como el Biobío el desafío es la proximidad inmediata entre núcleos urbanos y vastas plantaciones industriales. Esta diferencia fundamental hace inviable una estrategia única de prevención para todo el país.
Rediseñar el territorio para salvar comunidades
Para Jacques, la clave no solo está en apagar los incendios, sino en mitigar su impacto mediante el rediseño del paisaje. Los estudios proponen soluciones estructurales basadas en evidencia científica:
- Áreas de amortiguación: Creación de zonas de transición que separen las viviendas de los bosques.
- Gestión del combustible: Controlar la distancia entre los núcleos urbanos y las zonas con alta carga de material inflamable.
- Planificación basada en datos: Superar la vulnerabilidad de las comunidades mediante una ordenación territorial que considere las variables climáticas y geográficas actuales.
Un llamado a la acción inmediata
El análisis concluye con una advertencia clara: si no se refuerza la prevención en el corto plazo y se cambia la forma en que planificamos nuestro entorno, el centro-sur de Chile seguirá enfrentando ciclos de catástrofe. La ciencia ya ha entregado las herramientas; ahora la planificación territorial debe estar a la altura del desafío.
SOJ





