La delegación de las rutas Costa y Viñas y Entre Ríos regresó de España con una certeza estratégica: el Biobío tiene el alma y la calidad para competir globalmente, pero el desafío ahora es la puesta en escena. Tras una intensa gira técnica por referentes como las bodegas Martúe y Dehesa del Carrizal, emprendedores de Tomé, Florida, Laja y San Rosendo validaron que la autenticidad de sus raíces es su mayor ventaja competitiva frente a la frialdad del modelo industrial europeo.
El contraste fue revelador. Mientras Europa deslumbra con infraestructuras impecables, bodegas de diseño y una logística milimétrica, el Biobío responde con lo que el turista de lujo busca hoy: el lujo de lo auténtico. La calidez del dueño que sirve su propio vino y una gastronomía regional que superó con creces —en abundancia y sabor— a la oferta visitada en el Viejo Continente, sitúan a Chile en una posición de privilegio.
“Nuestro relato es único”, coinciden los participantes. El aprendizaje es claro: para conquistar mercados internacionales, el Biobío debe adoptar la disciplina estética de España —orden, limpieza y profesionalización del discurso— sin sacrificar esa esencia artesanal y humana que es imposible de industrializar.
Respaldados por el programa Red Mercado de Corfo, estos productores ya no solo venden vino; están diseñando una exportación de experiencias. La hoja de ruta está trazada: transformar el Valle del Biobío en un nuevo polo estratégico donde la excelencia técnica se encuentre con la calidez del sur chileno, convirtiendo cada visita en un recuerdo imborrable para el mundo.
SOJ





