En una sesión cargada de expectación ante la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado, el canciller Alberto van Klaveren oficializó una decisión que marca un precedente en el rigor del servicio exterior: la salida inmediata de Manahi Pakarati de la embajada de Chile en Nueva Zelanda. El término de su destinación, fijado para el próximo 31 de enero, no es un movimiento administrativo de rutina, sino el desenlace de una serie de controversias que pusieron en jaque el principio de unidad de la política exterior chilena.
El detonante: Entre redes sociales y la libre determinación
La tensión comenzó a escalar tras una publicación en las redes sociales personales de la embajadora, donde compartió una imagen con el mensaje: «Libre determinación para la nación de Rapa Nui». Este gesto, aunque simbólico, encendió las alarmas en el Edificio Carrera, dado el rol de Pakarati como representante del Estado de Chile y no solo de su pueblo originario.
Sin embargo, el punto de no retorno se alcanzó tras el hallazgo de una entrevista concedida por Pakarati a un medio internacional en septiembre de 2025. En dicha instancia, la diplomática fue un paso más allá al afirmar que «necesitamos trabajar sobre cómo vamos a obtener el autogobierno» de la isla. Estas declaraciones, en el contexto de un cargo diplomático de confianza, fueron interpretadas como una transgresión a la jerarquía y las directrices centrales del Ministerio.
El quiebre del protocolo: Las razones de la salida
El canciller Van Klaveren fue explícito al detallar que el problema no radicó únicamente en el contenido de sus palabras, sino en la vulneración sistemática de los protocolos establecidos para los jefes de misión en el extranjero. Según la normativa de la Cancillería:
- Falta de autorización previa: Todo embajador debe solicitar permiso al Ministerio antes de conceder entrevistas a medios internacionales, paso que Pakarati omitió.
- Omisión de respaldo: Una vez realizada la entrevista, los protocolos exigen el envío de un audio o una transcripción íntegra a Santiago para su revisión y archivo, deber que tampoco fue cumplido por la embajadora.
A pesar de que el canciller matizó asegurando que Pakarati siempre se refirió a una modalidad de autogobierno dentro del territorio chileno y no a una independencia total, la suma de las infracciones administrativas y el ruido político generado hicieron insostenible su permanencia en Wellington.
El futuro de la diplomática
La instrucción es clara: tras el 31 de enero, Pakarati deberá presentarse en las oficinas centrales del Ministerio de Relaciones Exteriores para su «adscripción». Esto significa que pasará a cumplir funciones administrativas o técnicas en Santiago, lejos de la representación activa en el extranjero, a la espera de las tareas que se le encomienden «en su momento».
Esta salida deja una vacante estratégica en Nueva Zelanda, un socio clave en el Asia-Pacífico, y envía un mensaje contundente a todo el cuerpo diplomático sobre los límites entre las opiniones personales y el deber de Estado. La «libre determinación» que Pakarati clamaba para su tierra natal terminó, paradójicamente, determinando el fin prematuro de su carrera en la embajada neozelandesa.
SOJ





