Una intervención realizada en solo 10 horas tras una fractura de cadera pone bajo la lupa a la jefa del Minsal. Mientras el hospital defiende la «priorización clínica», la opinión pública recuerda las dramáticas esperas de 28 horas que han marcado al mismo recinto.
El principio de igualdad ante la ley —y ante la lista de espera— está siendo cuestionado en el corazón de la red pública de salud. La titular del Ministerio de Salud (Minsal) Ximena Aguilera, enfrenta una tormenta política luego de que se revelara la celeridad con la que su madre, una adulta mayor ingresada por una fractura de cadera, fue operada en el Hospital del Salvador. El contraste entre las 10 horas que tardó su cirugía y las jornadas de espera que sufren pacientes anónimos ha encendido el debate sobre el posible uso de influencias.
1. La cronología de la controversia
El pasado 23 de diciembre, la madre de la secretaria de Estado ingresó al servicio de urgencias. El proceso fue inusualmente fluido:
- El tiempo de respuesta: Solo 10 horas después del ingreso, la paciente ya estaba en pabellón.
- La irregularidad administrativa: Trascendió que la cirugía se habría iniciado antes de completar el papeleo administrativo estándar y alterando el orden de la tabla quirúrgica programada.
2. La defensa técnica del hospital
Ante la presión mediática, el Hospital del Salvador emitió un comunicado descartando cualquier trato de favor. Sus argumentos se basan en la «ventana de oportunidad clínica»:
- Priorización por edad: Aseguran que la condición y edad de la paciente cumplían con los criterios de urgencia.
- Disponibilidad de especialista: Destacaron que la presencia fortuita de un traumatólogo subespecialista permitió resolver el caso de inmediato sin afectar, supuestamente, a otros pacientes en espera.
- Patología GES: Desde el Minsal reforzaron que la fractura de cadera es una patología con garantías explícitas (GES), lo que obliga a una resolución oportuna.
3. El factor político: Isabella Crino y la «Silla de Urgencias»
El problema para la ministra no es solo técnico, sino ético y comunicacional. La rapidez de este caso colisiona con la cruda realidad del mismo hospital, que hace solo unas semanas estuvo en el centro de la polémica por el caso de Isabella Crino, una paciente que debió esperar 28 horas sentada en una silla para recibir atención de urgencia.
Desde el Congreso, las reacciones no tardaron:
«Esperamos una explicación clara del director del hospital. No puede ser que mientras unos esperan más de un día sentados, otros pasen a pabellón sin papeles en 10 horas», fustigó el diputado Daniel Lilayú (UDI), miembro de la Comisión de Salud.
Análisis: El costo de la «excepción»
Aunque el hospital argumente que la cirugía se ajustó a protocolos, el «Caso Salvador» deja un daño reputacional severo al Minsal y a la titular de la cartera . En un sistema donde la percepción de injusticia es alta, el hecho de que una paciente vinculada al poder rompa la inercia de la lista de espera —incluso si es por razones médicas válidas— alimenta la sensación de una «salud para unos pocos».
La decisión de la ministra de no referirse al tema amparándose en los derechos del paciente (Ley 20.584) ha sido interpretada por sus detractores como una falta de transparencia frente a un hecho que, más que clínico, es de profunda relevancia pública.
SOJ





