Durante décadas hemos escuchado hablar de envejecimiento activo y saludable. Conceptos que, sin duda, han aportado valor al cambiar nuestra percepción sobre la vejez. Pero en un mundo que evoluciona a velocidad vertiginosa, donde la longevidad se extiende y los sistemas de protección social muestran grietas cada vez más evidentes, necesitamos ir más allá. Necesitamos hablar de Smart Ageing o envejecimiento inteligente.
El Smart Ageing no es simplemente una evolución del envejecimiento activo; es una transformación radical en la manera de abordar nuestra madurez. Mientras el envejecimiento activo se centra principalmente en mantener la salud física y la participación social, el envejecimiento inteligente comprende que nuestra calidad de vida futura depende de un ecosistema mucho más complejo de decisiones y preparación.
Más allá de la salud: los nueve pilares
Cuando les hablo de Smart Ageing muchas personas erróneamente asumen que les estoy proponiendo hacer ejercicio, comer bien y mantener la mente activa. Y sí, la salud es fundamental para llegar bien a la vejez, pero representa solo una parte del rompecabezas, pues las piezas que lo conforman son muchas más: las finanzas, las cuestiones legales, la vivienda, la tecnología, etc. Un envejecimiento inteligente requiere trabajar en al menos nueve pilares esenciales y hacerlo de forma coordinada. Veamos cuáles son:
El primero, y no por casualidad, es el pilar financiero. Porque, aunque el dinero no compre la felicidad, sí garantiza tranquilidad. ¿De qué sirve llegar a los 80 años con buena salud si no tenemos recursos para vivir dignamente, pagar tratamientos médicos o permitirnos pequeños placeres?
El pilar legal es igualmente crucial y muy frecuentemente ignorado. ¿Tiene usted poderes preventivos?, ¿Ha dejado claras sus voluntades anticipadas?, ¿Sabe qué pasará con su patrimonio y quién tomará decisiones por usted si no puede hacerlo?. Estas son preguntas incómodas que preferimos evitar, pero que pueden marcar la diferencia entre una vejez serena y un infierno burocrático para nosotros y nuestras familias.
El pilar del hogar representa otro desafío monumental. ¿Dónde viviremos cuando seamos mayores? ¿Está nuestra casa actual adaptada para la movilidad reducida?,¿Hemos considerado alternativas como el cohousing o la vivienda colaborativa?. Encontrar hoy un cuidador es casi como buscar una aguja en un pajar, ¿se imagina lo que supondrá hacerlo dentro de 10 años cuando millones de baby boomers necesitemos este tipo de servicio? Compartir vivienda y cuidador puede ser una buena salida para muchas personas, que evitarán así además ese mal, que afecta cada vez a más personas, de la soledad no deseada.
La tecnología: de enemiga a aliada
El pilar tecnológico merece especial atención. En el futuro cercano, los robots nos asistirán en tareas cotidianas, nos recordarán medicamentos, nos guiarán en ejercicios de rehabilitación e incluso nos harán compañía. La inteligencia artificial transformará la atención sanitaria y los cuidados. Quien no se prepare tecnológicamente quedará excluido de estas ventajas. La tecnología debe ser nuestra aliada en la vejez.
Pero el Smart Ageing también aborda aspectos que el envejecimiento activo y saludable apenas roza: los seguros que protegen nuestro patrimonio y garantizan cuidados de calidad; la jubilación como etapa que debe planificarse con dos años de antelación para no caer en el vacío existencial; la preparación para la enfermedad y la reflexión sobre cómo queremos que sean nuestros cuidados en la fase final de la vida también deben depender de nuestras decisiones.
Un cambio de mentalidad
Lo más revolucionario del Smart Ageing es su enfoque temporal. La edad ideal para empezar a practicar este “deporte” no son los 60 o 70 años. Porque envejecer no es un evento puntual; es un proceso que comienza cuando nuestras células empiezan su declive natural y éstas no esperan demasiado, lo hacen a partir de los 30 años. Las decisiones que tomamos a partir de esa edad respecto al ahorro, los hábitos de salud, las relaciones sociales, la vivienda, la tecnología, nuestro trabajo y formación…, determinarán nuestra calidad de vida tres o cuatro décadas después.
Para apoyar a las personas que deciden hacerse dueñas de su futuro y diseñar el mejor posible, he creado el método al que he denominado «Justo a Tiempo» y que invita a cada individuo a empoderarse y adoptar las decisiones correctas en el momento adecuado. No demasiado pronto para que nos parezcan irrelevantes, ni demasiado tarde cuando las opciones se hayan reducido drásticamente.
El desafío está aquí
La mayoría de los países desarrollados están envejeciendo rápidamente y las proyecciones son que en breve más de un tercio de la población superará los 65 años. Los sistemas de pensiones crujen, las residencias están saturadas, faltan cuidadores profesionales y las familias se encuentran cada vez más fragmentadas geográficamente.
En este escenario, practicar el Smart Ageing o envejecimiento inteligente no es un lujo; es una necesidad. No podemos seguir esperando que el Estado o nuestras familias resuelvan todos los desafíos que implica una longevidad extendida. Debemos tomar las riendas de nuestro futuro de manera consciente, informada y preventiva.
El envejecimiento inteligente nos invita a ser arquitectos de nuestro propio destino, a prepararnos de forma integral para vivir esas décadas adicionales no solo con vida, sino con calidad de vida. Porque envejecer es inevitable, pero cómo lo hacemos depende en gran medida de las decisiones que tomemos hoy.
La pregunta no es si viviremos más años. La pregunta es: ¿cómo queremos vivir esos años adicionales? El Smart Ageing ofrece las herramientas para que la respuesta sea: con plenitud, autonomía y dignidad.
Por María Jesús González-Espejo, Fundadora del Instituto de Smart Ageing y de Matura Club y autora de “El arte de envejecer sabiamente”. Miembro de la red Ries Gaudium.
EDITADO: SOJ





