El Plan de Recuperación, Conservación y Gestión del Huemul (Recoge), implementado en 2021, está mostrando resultados significativos en la lucha por la supervivencia de esta especie, clasificada en peligro crítico de extinción. El plan, coordinado por la Corporación Nacional Forestal (Conaf) y en colaboración con múltiples entidades públicas y privadas, busca aumentar la población de huemules en la zona de Nevados de Chillán-Laguna Laja en un 10% en un plazo de 12 años.
El programa se enfoca en dos objetivos principales: disminuir las amenazas que enfrenta la especie y aumentar su protección. Hasta la fecha, estas acciones han logrado un 58% de avance en la reducción de amenazas y un 65% en la protección del hábitat. Entre las medidas más exitosas, con un 100% de cumplimiento, se encuentran la implementación de normativas locales, el control de ciervos exóticos y el aumento de las zonas de monitoreo y reproducción.
Sin embargo, persisten desafíos. Un programa de prevención de enfermedades y un plan de gestión de la biosfera relacionados con el huemul aún no han sido implementados.
Cooperación binacional y desafíos en el terreno
El plan Recoge también contempla una estrategia binacional con Argentina para crear un corredor biológico que conecte áreas protegidas de ambos países. Como parte de este esfuerzo, se están organizando jornadas de capacitación para guardaparques argentinos, que visitarán Chile en noviembre. A principios de 2026, una delegación chilena viajará a Argentina para apoyar en la identificación y monitoreo del hábitat del huemul.
Las amenazas a la especie son variadas y complejas. Según el Seremi de Medio Ambiente, Mario Rivas, factores como el cambio climático, el tránsito vehicular en zonas de alta montaña, la presencia de ganado y el turismo no regulado representan serios riesgos. «Son peligros que están siendo abordados por diversos servicios públicos y privados para tomar acciones concretas».
Mario Valdebenito, jefe del Departamento de Áreas Silvestres Protegidas de Conaf, destacó el rol de las cámaras trampa para identificar zonas de reproducción. «Hemos detectado lugares de reproducción donde nuestras cámaras sacan imágenes de huemules con crías. Se ven con un buen estado de salud», comentó. A pesar de estos avances, no se ha logrado realizar un censo de la población local debido a las dificultades del terreno y la falta de tecnología adecuada, aunque se busca financiamiento para adquirir herramientas como drones que permitan una estimación más precisa.
El desafío de la variabilidad genética y el impacto humano
Una de las principales preocupaciones de los expertos es la baja variabilidad genética de la población de huemules en la zona central, que se encuentra aislada de la población del sur. Según el Dr. Juan Carlos Marín de la Universidad del Bío Bío, esta situación hace que la población sea más vulnerable a los cambios ambientales y aumenta el riesgo de endogamia. «El número de animales tampoco es lo más importante. Lo crucial es la diversidad genética».
La amenaza del ganado, que puede transmitir enfermedades y restringir el espacio vital del huemul, también es un problema fuera de las áreas protegidas. En este sentido, la colaboración con el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) ha sido fundamental para contactar a los dueños de animales y solicitar el retiro del ganado de las reservas.
ONGs como Dosel y la Fundación Los Mallines han colaborado activamente en el monitoreo de la especie en terrenos privados, confirmando la presencia de huemules sanos y en grupos familiares. Sin embargo, alertan sobre los riesgos que suponen los proyectos de infraestructura, como el embalse La Punilla. Pablo Espinoza Carbullanca de Dosel, señaló que este tipo de obras fragmentan el hábitat y complican la movilidad de la especie, por lo que es urgente actualizar los estudios de impacto ambiental y buscar soluciones que concilien el desarrollo con la conservación.
Christopher Hoefler de la Fundación Los Mallines, enfatizó la importancia de generar un diálogo entre los distintos actores. «Buscar una salida, por ejemplo, a través de compensación por biodiversidad, compensación en bonos de carbono, puede ayudar a que estos proyectos no se realicen», propuso, subrayando la necesidad de aplicar las regulaciones y planes de conservación vigentes.
SOJ





