La incansable búsqueda del «cuerpo ideal» impuesta por la sociedad tiene un profundo impacto en la salud mental de las mujeres, especialmente manifestándose en una alta insatisfacción corporal y el riesgo de desarrollar trastornos de la conducta alimentaria (TCA). En este contexto, la docente de Nutrición y Dietética, Constanza Mosso Corral, lideró una crucial investigación aplicando el Body Image Program (BIP), una intervención validada internacionalmente.
El estudio, centrado inicialmente en estudiantes de carreras de la salud de la UdeC, reveló que una gran parte de las participantes compartía altos niveles de insatisfacción con su propia imagen corporal, tanto antes como después de la intervención del BIP.
El Body Image Program (BIP): Una Herramienta para la Autoaceptación
El BIP es un protocolo diseñado para identificar y mejorar la imagen corporal a través de actividades lúdicas y ejercicios reflexivos. Organizado en grupos de mujeres, el programa promueve el activismo corporal y la reflexión profunda sobre la insatisfacción y la percepción negativa del propio cuerpo. En solo dos sesiones de aproximadamente dos horas cada una, el BIP busca generar un cambio significativo en la relación de las participantes con su imagen.
«En esta sociedad que está permanentemente llevándonos a este ideal de belleza, sobre todo a las mujeres, que tenemos que ser delgadas, 90-60-90 y el bombardeo que tenemos por los medios de comunicación: eso va generando esta insatisfacción corporal», reflexionó Mosso. Esta presión social se erige como un potente factor de riesgo para el desarrollo de trastornos de la conducta alimentaria.
La evidencia científica respalda la eficacia de programas como el BIP. Diversos estudios han demostrado que la participación en estas intervenciones contribuye a disminuir la insatisfacción corporal y a prevenir síntomas asociados a los TCA, como la obsesión por la delgadez, en adolescentes y mujeres mayores de 18 años.
La Vulnerabilidad en la Formación Nutricional
La intervención se inició en la carrera de Nutrición y Dietética. Este grupo se considera especialmente vulnerable no solo por la mayor proporción de mujeres matriculadas, sino también por la carga de estereotipos asociados a su imagen corporal y la «responsabilidad» de educar con el ejemplo.
Mosso compartió una experiencia personal: «Yo como nutricionista que trabajo en consulta, algunas veces al llamar a mi paciente, se puede observar que hay una revisión del cuerpo del profesional que me ve atender. Porque también hay un juicio que, si tengo un cuerpo grande, ¿cómo me van a ir a decir que tengo que comer?».
Una encuesta online realizada en 2020 a estudiantes de Nutrición de la UdeC, como parte de un proyecto de tesis, reveló que un preocupante 73% manifestaba insatisfacción corporal. «Y eso, en el fondo, lo demuestran las publicaciones en otros estudios de carreras de nutrición en Chile y a nivel internacional», señaló la docente, destacando la magnitud del problema.
Mosso identificó que, aunque este problema es profundamente social, las mujeres «lo viven como si fuera algo individual. Yo tengo el problema, nuevamente no fui capaz de bajar de peso, no puedo seguir una dieta». Esto lleva a una significativa pérdida de tiempo, carga mental y recursos emocionales, traducidos en preocupación, culpa y vergüenza corporal. Sin embargo, al discutir estas problemáticas en grupo, las estudiantes se dieron cuenta de que se trataba de una experiencia colectiva, trascendiendo sus diferencias de origen o tipos de cuerpo.
Expandiendo el Alcance: De la Autocompasión a la Alimentación Consciente
Tras el éxito con las estudiantes de Nutrición, el BIP se replicó de forma presencial con estudiantes de diversas carreras del plantel, sumando un cuestionario para evaluar el nivel de autocompasión y así contrarrestar la autoexigencia social. «En esta intervención no es que las personas salgan y digan ‘yo amo mi cuerpo’, no. Nos dan ciertos elementos para ir atravesando y caminando el camino [de la autocompasión y aceptación corporal], que no es fácil», explicó Mosso.
La experiencia fue tan positiva que la profesional y su equipo llevaron el BIP a trabajadoras universitarias, quienes también compartieron sus visiones y recibieron una excelente evaluación. Muchas de ellas descubrieron que habían pasado gran parte de su vida «peleadas» con su cuerpo, una insatisfacción que, en muchos casos, se originó en la adolescencia.
La segunda fase de este proyecto innovador se enfocará en el Mindful Eating (Alimentación Consciente), una aplicación de las enseñanzas del Mindfulness. El objetivo es proporcionar a las mujeres herramientas para «empezar a conectarnos con nuestra propia sabiduría interna, a ser más conscientes de nuestros pensamientos al comer, cuáles son nuestras creencias que tenemos para empezar a mejorar la relación con la comida». Mosso enfatizó que la alimentación no debe basarse en la restricción, sino en las necesidades y valores individuales. La convocatoria para este nuevo proyecto se lanzará en octubre.
SOJ





