El caso del Condominio Cumbres en Hualpén es un llamado de atención urgente que no podemos ignorar. Lo que para más de mil personas fue el sueño de la casa propia, se ha convertido en una angustiante pesadilla. Los graves defectos de construcción que se han denunciado, como los «nidos en hormigón» y la «enfierradura a la vista», no son solo problemas estéticos: son fallas estructurales que comprometen gravemente la seguridad de familias enteras.
Este no es un problema aislado de una constructora. Es la manifestación de un sistema que, a pesar de sus promesas de integración social, permite que proyectos de vivienda se levanten sin los estándares de calidad más básicos. Cuando el informe técnico de un ingeniero residente confirma que una edificación sobre un humedal presenta puntos de debilidad que podrían acelerar su deterioro, la situación deja de ser una mera disputa entre vecinos y constructora para convertirse en un asunto de emergencia pública.
Entre los residentes hay más que frustración. Existe miedo, angustia, intranquilidad y por supuesto insomnio. Cada noche intentan dormir pensando en que arriesgan la vida. En paralelo la humedad avanza en los departamentos y va carcomiendo no sólo la estructura física sino la salud física y mental de los preocupados residentes.
Las declaraciones de la dirigenta vecinal, Emma Robles Vega, reflejan la desesperación de una comunidad que vive con el temor de un colapso, escuchando ruidos subterráneos y enfrentando filtraciones diarias. Su llamado a las autoridades es un ruego por ayuda, por la protección de sus vidas y su salud mental.
Es un exhorto vecinal al municipio y su alcalde Miguel Rivera, quien hasta ahora no se ha reunido con los representantes de la comunidad del condominio Cumbres.
Es fundamental que la respuesta de las autoridades, como SENAPRED, sea rápida y contundente. No se trata solo de investigar, sino de actuar para garantizar la habitabilidad y seguridad del condominio. Más allá de las responsabilidades legales que deberán ser determinadas, es nuestra responsabilidad como sociedad asegurar que la vida y la integridad de las personas no queden supeditadas a la ambición de quienes construyen sin ética. La pesadilla de los vecinos del Condominio Cumbres debe ser una lección para todos: la calidad de la vivienda no es un lujo, es un derecho fundamental que debe ser protegido sin titubeos.
Pepo Sepúlveda Ormeño
Periodista-MBA-RRPP
Asesor Comunicacional





