Científicos desde Concepción Buscan Desvelar el Secreto de la Ionósfera para Anticipar Tsunamis y adelantar las alertas

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Imagina poder detectar la inminente llegada de un tsunami horas antes de que sus olas devastadoras golpeen la costa. Un equipo de investigadores desde Concepción, liderado por el geofísico Carlos Castillo Rivera, está a punto de descifrar cómo las sutiles perturbaciones en la ionósfera, la capa electrónica superior de nuestra atmósfera, podrían convertirse en un revolucionario sistema de alerta temprana.

La ionósfera, esa enigmática capa atmosférica cargada de electrones que se extiende aproximadamente entre 80 y 1.000 kilómetros de altitud, está siendo el centro de un ambicioso estudio. El objetivo es desentrañar cómo las alteraciones en esta región, conocidas como Perturbaciones Ionosféricas Viajeras (TIDs), pueden actuar como precursores de tsunamis generados por terremotos en el vasto Océano Pacífico.

La investigación de Castillo Rivera, geofísico titulado en la UdeC y actualmente en el Departamento de Física de la Universidad de Santiago, ha analizado las TIDs para 14 tsunamis ocurridos entre 2010 y 2021 en el temido Anillo de Fuego, la zona de mayor actividad sísmica del planeta. El equipo cuenta con la valiosa colaboración de colegas formados en la UdeC, como Manuel Bravo y Benjamín Urra, además de Ignacia Calisto, investigadora y docente en Geofísica UdeC. Los otros coautores del estudio incluyen a Juan González (U. Andrés Bello), Roberto Benavente (U. Católica de la Santísima Concepción), y los científicos y ex profesores de Geofísica UdeC Alberto Foppiano, Dante Figueroa y Elías Ovalle.

La Huella Invisible de las Olas Gigantes en el Cielo

Los investigadores han descubierto un hallazgo fascinante: estas perturbaciones ionosféricas pueden detectarse incluso horas antes de que las olas del tsunami impacten las costas. Esta anticipación abre posibilidades prometedoras para los sistemas de alerta temprana.

El mecanismo es intrigante: cuando un gran terremoto submarino genera un tsunami, no solo produce las conocidas olas oceánicas, sino que también genera ondas de gravedad que ascienden hacia la atmósfera. Al alcanzar la ionósfera, estas ondas crean perturbaciones en la densidad de electrones que, crucialmente, pueden medirse mediante satélites de navegación, como el GPS. La clave reside en que estas ondas y sus consecuentes perturbaciones se propagan mucho más rápido que las propias olas del tsunami, ofreciendo una valiosa ventana de tiempo.

El análisis de casos reales ha sido revelador. Por ejemplo, en el tsunami de Islas Salomón en 2016, las anomalías en la ionósfera aparecieron aproximadamente dos horas antes de que las lejanas olas llegaran a la costa. Situaciones similares se observaron en eventos como el de México en 2017 y Nueva Zelanda en 2021, donde las señales ionosféricas de sus respectivos tsunamis, generados a miles de kilómetros de distancia, fueron igualmente tempranas. El equipo trabajó con datos del Contenido Total de Electrones, calculados a partir de señales satelitales, y los comparó con modelos computacionales de tsunamis.

Los resultados demuestran una clara correlación entre las perturbaciones ionosféricas y la propagación de las olas, especialmente en eventos bien documentados en Chile. Sin embargo, en otros casos, como el terremoto de Ecuador en 2016, la relación fue menos evidente, lo que sugiere la necesidad de un umbral mínimo de energía para que las TIDs sean detectables de manera confiable.

Complemento, No Reemplazo: Hacia un Futuro de Alertas Más Inteligentes

Este método presenta tanto oportunidades como desafíos. Si bien en zonas alejadas del epicentro (conocidas como «campo lejano», a más de 500 kilómetros) los resultados son más claros, en áreas cercanas al terremoto la ionósfera puede verse alterada tanto por el sismo como por el tsunami, dificultando la identificación de señales específicas. Además, existen perturbaciones naturales recurrentes que podrían confundirse con TIDs asociadas a tsunamis, un aspecto que los investigadores buscan refinar.

Carlos Castillo y su equipo enfatizan que esta técnica no busca reemplazar los sistemas actuales de alerta, como las boyas DART o los sismómetros, sino complementarlos. La ventaja potencial reside en que la ionósfera puede monitorearse en tiempo real y con cobertura global, lo que sería particularmente útil en zonas con insuficiente instrumentación marina. El equipo propone integrar este enfoque con otras tecnologías, como ionosondas, para mejorar aún más la precisión de la detección y acercarnos a un futuro donde la anticipación sea nuestra mejor defensa contra la furia de las olas.

SOJ