La creciente tensión entre Israel e Irán ha obligado al Gobierno de Chile a tomar una drástica medida de precaución: la evacuación de parte de su personal diplomático de Teherán. Esta decisión, inédita en la historia reciente de la relación bilateral, subraya la profunda preocupación de Santiago por la escalada de ataques que tiene en vilo a Medio Oriente.
El Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile confirmó la situación, precisando que la misión diplomática fue «cerrada temporalmente ante las actuales condiciones de seguridad». Mientras que el encargado de negocios de Chile en Irán permanece en Teherán –cabe recordar que Chile no cuenta con un embajador residente en el país persa desde hace algún tiempo–, un funcionario profesional de la Cancillería y su familia fueron evacuados por vía terrestre, en un testimonio de la urgencia y el riesgo percibido en la zona.
La medida chilena se produce en un contexto de altísima volatilidad. El gobierno de Benjamin Netanyahu ha emprendido una serie de bombardeos sin precedentes contra objetivos militares en Irán, generando una inmediata y enérgica respuesta por parte del mandatario iraní, Masud Pezeshkian, quien ha manifestado su disposición a contratacar. Este intercambio de golpes, que ha intensificado dramáticamente la retórica y las acciones bélicas, ha encendido las alarmas a nivel global.
La decisión de Chile refleja la seriedad con la que se evalúa la situación de seguridad para sus representantes en el extranjero. La evacuación, aunque parcial, envía una clara señal sobre el nivel de riesgo en la capital iraní y la necesidad de proteger la integridad del personal diplomático chileno ante un conflicto que parece no dar tregua.
SOJ





