Del Dr. Manuel Reyes-Jara
Ingeniería en Minas de U. Andrés Bello
En 2019, tres empresas —Molymet, Posco-Samsung y Fulin— se retiraron del proceso chileno para industrializar el litio. La falta de condiciones claras, especialmente en torno al precio preferencial del insumo, frustró una oportunidad histórica de dar el salto desde la extracción hacia la transformación. Hoy, con la reciente salida de BYD y Tsingshan, el país vuelve a enfrentar una señal de alerta.
El mercado ha cambiado, el precio del litio ha caído desde más de US$80/kg en 2022 a cerca de US$9/kg en 2025, reduciendo márgenes y aumentando la necesidad de certezas contractuales y visión de largo plazo. La oportunidad sigue estando, pero exige una coordinación más fina entre Estado, empresas y ciudadanía.
No se trata sólo de culpas, sino de entender que en los mercados estratégicos la ventana de oportunidad no es eterna. La seriedad es urgente. Chile tiene ventajas naturales únicas, pero solo las convertirá en desarrollo si es capaz de alinear visión país, capacidades industriales y políticas públicas con agilidad y foco. Esta vez, tropezar de nuevo no debería ser opción.





