Chile Vamos en la Encrucijada

La historia rara vez ofrece segundas oportunidades. Y cuando lo hace, no se las concede a los tibios ni a los ensimismados. La centroderecha chilena, encarnada hoy en la figura de Evelyn Matthei y Chile Vamos, enfrenta una de esas encrucijadas. No se trata solo de su capacidad electoral, sino de su disposición a asumir un deber histórico: reconstruir una mayoría política y social en torno a un proyecto democrático, moderno y liberal.

Tras el colapso de los grandes relatos ideológicos, Occidente abrazó un consenso que promovía la democracia liberal, el respeto a los derechos, la economía social de mercado y la apertura al mundo. Sin embargo, hoy ese consenso se encuentra bajo amenaza. La política se ha polarizado, proliferan los discursos binarios y se debilitan los pilares institucionales. Se ha normalizado la descalificación del adversario, la relativización de las normas y, en ciertos sectores, incluso la justificación de la violencia como herramienta política.

En este escenario, la centroderecha no puede replegarse sobre sus certezas ni hablarse a sí misma. Está llamada a tender puentes hacia sectores moderados, hoy huérfanos de representación, y a levantar un liderazgo que no se limite a resistir el populismo, sino que proponga un camino transformador con estabilidad y horizonte.

La figura de Matthei no solo representa una opción competitiva, sino la posibilidad de articular una esperanza colectiva. La de quienes aún creen que el progreso sólo es posible si se sostiene sobre la libertad, la institucionalidad y el encuentro de los demócratas. Esta es la responsabilidad que la historia le exige a CHV: no solo ganar, sino convocar, unir y proyectar.

* Augusto Parra Ahumada, presidente de la Fundación República en Marcha 

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