Aeropuerto de Santiago: Un laberinto de exclusión para personas con discapacidad

El Aeropuerto Internacional Arturo Merino Benítez de Pudahuel se alza como un punto neurálgico de conexión global, pero para una parte significativa de la población, se erige como un paradigma de inaccesibilidad, exclusión y discriminación. Las denuncias sobre la precariedad de sus servicios de apoyo para personas con discapacidad, calificados como obsoletos y limitantes, pintan un panorama sombrío que clama por una transformación urgente.

El reconocido director honorario de Teletón, Mario Kreutzberger, acusó al recinto de ser un espacio «discapacitado», donde la falta de una visión inclusiva y la obsolescencia de sus servicios de apoyo dejan en evidencia una deuda pendiente con la dignidad y la autonomía de las personas con discapacidad. Si bien la administración de la concesionaria reconoce la problemática y asegura estar trabajando en soluciones, la realidad palpable para muchos viajeros con discapacidad es la de un trayecto plagado de obstáculos.

Elementos esenciales para un acceso universal y digno:

Claudia Rodríguez, coordinadora del Centro de Envejecimiento de la Universidad subraya que la accesibilidad universal debe ser un principio rector en toda infraestructura, garantizando la movilidad como un derecho humano fundamental. Para lograrlo en un terminal aéreo, se requiere:

  • Espacios amplios y adecuados: Que permitan el tránsito fluido de ayudas técnicas como sillas de ruedas, andadores y bastones, con revestimientos y pisos antideslizantes y seguros.
  • Sujetadores y apoyos estratégicos: Ubicados en puntos clave para facilitar el desplazamiento y el descanso.
  • Baños accesibles: Diseñados con dimensiones adecuadas, barras de apoyo y elementos ergonómicos.
  • Manillas y controles al alcance: Ubicados a alturas accesibles para personas de diversas estaturas y con movilidad reducida.
  • Carritos de desplazamiento asistido: Que faciliten el traslado interno para quienes lo necesiten.
  • Personal capacitado y empático: Dispuesto a brindar apoyo y orientación personalizada a las personas con discapacidad en cada etapa de su viaje.

Consecuencias de la inacción: Una sociedad que margina:

La experta de la UANDES advierte sobre las graves implicaciones de no abordar la falta de accesibilidad, especialmente en un país con una población en constante envejecimiento. «Si no se aborda nos transformamos en sociedades indiferentes que no reconocen a todos por igual, y eso va en todo el sentido de ser sociedades que cuidan. Respecto al proceso de envejecimiento, todos llegaremos a ser personas mayores y lograr ser autovalentes hasta el último suspiro. Pero para ello, las ciudades deben adaptarse», sentencia Rodríguez, enfatizando la urgencia de construir entornos inclusivos para todas las etapas de la vida.

Senadis: Un llamado a la acción y una fiscalización difusa:

La directora (s) del Servicio Nacional de la Discapacidad (Senadis), Karen Astorga, reconoce la «super relevancia» de la accesibilidad universal dentro de la inclusión. Si bien Chile cuenta con la Ley 20.422 y el decreto supremo número 50 que regulan esta materia, Astorga señala la limitación de Senadis al no poseer facultades fiscalizadoras directas sobre aeropuertos, instituciones o empresas privadas a nivel nacional.

A pesar de ello, destaca iniciativas como el plan nacional de accesibilidad universal y los planes municipales que buscan avanzar en este ámbito. Al ser consultada sobre quién debe fiscalizar la falta de accesibilidad, Astorga apunta a los municipios y sus direcciones de obra como los entes responsables, recordando que las instituciones públicas tienen la obligación de garantizar la accesibilidad universal.

La directora (s) de Senadis hace un llamado a la ciudadanía: «Si hay una persona que ve vulnerado su derecho porque no puede acceder a una institución o edificio público, debe hacer la denuncia respectiva». No obstante, reconoce que la temática de la discapacidad se encuentra «bien diluida», lo que dificultaría concentrar la fiscalización en una única institución como Senadis, considerándolo un proyecto «bastante ambicioso».

La invisibilidad de la discapacidad y la responsabilidad colectiva:

Karen Astorga lamenta que la discapacidad sea un tema abordado de forma esporádica, sin una conversación continua sobre la «inclusión efectiva y real». Critica la indiferencia ante situaciones cotidianas como la ocupación de estacionamientos exclusivos por personas sin discapacidad, instando a la denuncia de estas conductas.

Finalmente, enfatiza que «la accesibilidad universal es responsabilidad de todas las personas y no de una institución en particular. Todas las personas debemos ser responsables y concientizar la inclusión». En cuanto a los espacios públicos y privados, reitera la obligación de contar con «baños exclusivos para personas con discapacidad, estacionamientos, rampas» y, en edificios de varios niveles, «ascensor o la posibilidad de que la silla de ruedas pueda subir a los pisos superiores».

La situación en el aeropuerto de Santiago es un claro reflejo de la necesidad de una acción coordinada y un compromiso real por parte de las autoridades, las empresas y la sociedad en su conjunto para derribar las barreras que impiden la plena inclusión de las personas con discapacidad. La accesibilidad no es un lujo, sino un derecho fundamental que debe garantizarse en todos los espacios, comenzando por la principal puerta de entrada y salida del país.

SOJ