Ruta Indómita, no confiable e insoluble. En Isla Mocha permanecen 15 turistas varados. Los 20 minutos de trayecto se transformaron en una semana

Isla Mocha, un rincón de naturaleza indómita frente a las costas del Biobío, se ha convertido en un inesperado laberinto para quince personas que llevan una semana atrapadas, víctimas de una desconexión cada vez más crítica con el continente. Lo que debían ser días de exploración y descanso se han transformado en una prueba de paciencia y un crudo recordatorio de la fragilidad de la conectividad en este territorio insular. El tráfico aéreo o marítimo adolece de regulación y de fiscalización de parte de las autoridades. El destino se ha trasformado en accesos peligrosos y rutas escasamente confiables.

La historia se repite en Isla Mocha: la incertidumbre en el transporte se erige como un obstáculo constante para quienes desean descubrir sus encantos. Esta vez, no fue un accidente, sino una combinación implacable de un sistema frontal adverso y fallas técnicas en la aeronave, el único lazo aéreo regular con tierra firme, lo que truncó el regreso de los visitantes.

Entre los afectados, varios turistas llegaron a la isla durante la reciente Semana Santa, buscando la serenidad y belleza de este enclave natural. Víctor Durán, uno de ellos, relata la frustrante secuencia de eventos: «El lunes pasado, la lluvia torrencial impidió el vuelo. Esperamos hasta el miércoles, cuando finalmente llegó el avión, pero justo antes de despegar, un problema técnico nos dejó varados nuevamente en la isla».

La esperanza se encendió brevemente con la llegada de repuestos desde Puerto Montt. Sin embargo, el alivio fue efímero. El sábado, la aeronave despegó, sí, pero sin pasajeros a bordo, dejando a los quince visitantes una vez más a la deriva, con la incertidumbre como única compañera.

Esta situación ha generado un impacto significativo en la vida de los atrapados. Muchos no han podido regresar a sus trabajos, consumiendo valiosos días de vacaciones en una espera forzada. Mientras algunos han encontrado refugio temporal en casas de familiares, otros continúan afrontando los costos inesperados de un hospedaje prolongado.

La frustración y la sensación de abandono son palpables en las voces de los afectados, quienes califican de «impresionante» la persistente falta de soluciones en materia de conectividad. Aseguran que, hasta el momento, ningún organismo ha ofrecido una respuesta clara o un plan de contingencia efectivo.

Desde la Seremi de Transportes, Patricio Fierro, intentaron ofrecer una perspectiva oficial, explicando que la suspensión del servicio aéreo se debió a las inclemencias del sistema frontal y a la necesidad de realizar labores de mantenimiento en la aeronave. Fierro confirmó que, si las condiciones lo permiten, el avión retomará sus servicios este lunes.

La autoridad también señaló que el servicio de barcaza hacia el continente operó con normalidad, realizando cuatro traslados durante el mes. Sin embargo, esta alternativa no soluciona la urgencia de quienes esperaban el transporte aéreo y no siempre se ajusta a las necesidades de los turistas.

La odisea de los quince atrapados en Isla Mocha pone de manifiesto una vez más la urgente necesidad de una gestión integral y robusta en materia de transporte para este valioso territorio insular. La seguridad y la certidumbre en la conectividad no solo son cruciales para el turismo, sino también para la calidad de vida de sus habitantes y para evitar que experiencias como esta se repitan, dejando a personas a la deriva en un rincón apartado del continente.