El Cónclave en la Capilla Sixtina: 135 Cardenales de 71 Naciones ante la Encrucijada de la Iglesia

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Todo el proceso de elección del nuevo sumo pontífice será liderado por el camarlengo, el cardenal Kevin Joseph Farrell (77), es irlandés de nacimiento pero con una larga carrera eclesiástica en Estados Unidos. El camarlengo es un alto funcionario de la Iglesia católica encargado de administrar los bienes y asuntos del Vaticano durante el periodo de Sede Vacante, es decir, el tiempo entre la muerte de un papa y la elección de su sucesor. Tradicionalmente, el camarlengo es un cardenal designado por el papa en vida y tiene la responsabilidad de velar por el correcto desarrollo de la transición. Actúa como jefe del Estado vaticano y administrador de la Santa Sede durante el periodo de fallecimiento del Papa y la asunción de quien le suceda.

Con la solemnidad de un rito ancestral y la expectación de un mundo en vilo, 135 cardenales menores de 80 años, provenientes de 71 países que tejen un mosaico de la universalidad de la Iglesia, se preparan para la trascendental tarea de elegir al sucesor de Francisco. La Capilla Sixtina, santuario de arte y fe, aguarda el cónclave donde se pronunciará la palabra definitiva sobre el futuro del liderazgo católico.

Un palpable ambiente de recogimiento, preámbulo de una decisión de profundo calado espiritual e institucional, se percibe en el Vaticano. A diferencia de la transición anterior, marcada por la histórica renuncia de Benedicto XVI, esta vez la Iglesia se enfrenta al vacío dejado por el fallecimiento de un pontífice que eligió ser llamado simplemente «el obispo de Roma». Su cuerpo, despojado de ornamentos y honores terrenales, yace en una sencilla caja de madera, eco de su voluntad de ser enterrado «sin decoración particular y con la única inscripción: Franciscus».

El protocolo vaticano marca los tiempos. El cónclave no deberá convocarse durante los Novediales – el período de nueve días de misas por el alma del Papa, que comenzará tras el funeral fijado para el 26 de abril – ni extenderse más allá del vigésimo día posterior a su muerte. Así, los Novediales concluirán el 4 de mayo, abriendo la ventana para el inicio del cónclave entre el 5 y el 10 de mayo, fecha límite establecida por la normativa vaticana.

En Busca de un Pastor «Unificador» para la Iglesia

En los pasillos del Vaticano, mientras las «congregaciones» de cardenales – electores y no electores – se suceden en encuentros informales desde el fallecimiento de Francisco el 21 de abril, comienza a delinearse el perfil del próximo pontífice. La palabra que resuena con mayor fuerza es «unificador».

Los doce años de pontificado del primer Papa latinoamericano estuvieron signados por reformas y un estilo de sencillez que, paradójicamente, generó una fuerte oposición desde los sectores más conservadores de la Iglesia, con la figura de su predecesor Benedicto XVI como referente. Ahora, los cardenales se enfrentan a la crucial decisión de continuar el legado reformista de Francisco o emprender nuevos rumbos para la Iglesia.

«La tarea que nos atañe estos días nos supera y, sin embargo, nos obliga», expresó con solemnidad el cardenal francés Jean-Marc Aveline durante una misa en Roma, reflejando el peso de la responsabilidad que recae sobre los hombros de los purpurados.

El cardenal luxemburgués Jean-Claude Hollerich, cercano consejero del pontífice argentino, reconoció ante los periodistas afrontar el cónclave «con una cierta aprensión», pero también con «una gran esperanza». «Nos sentimos muy pequeños. Debemos tomar decisiones para toda la Iglesia, por lo que recen por nosotros», añadió el jesuita.

Mientras las listas de «papables» proliferan en la prensa internacional, el cardenal italiano Fernando Filoni, con su solideo rojo distintivo, respondió con cautela a las preguntas de los periodistas ávidos de información: «Hay muy buen ambiente entre nosotros. Los pronósticos, son ustedes los que los hacen. Aprendemos a conocernos».

Un dato significativo es que alrededor del 80% de los 135 cardenales electores fueron nombrados por Francisco, quien priorizó a prelados de países del Sur global y de regiones tradicionalmente periféricas. Para el cardenal británico Vincent Nichols, la perspectiva de elegir al próximo pontífice es «realmente intimidante», confiando en que los cardenales harán «su mejor trabajo una vez que se cierren las puertas del cónclave», donde prevalecerán «paz y oración».

Ante la pregunta sobre la posibilidad de un Papa africano o asiático, el cardenal Hollerich respondió con apertura: «¿Por qué no?». Subrayó que más allá de la «región geográfica», la atención debe centrarse en las «competencias» y las «personalidades», recordando que «un Papa es siempre un unificador», un «hombre sencillo», «ni demasiado joven ni demasiado viejo», capaz de «estar en contacto con la gente, que puede escuchar a las personas de izquierda y de derecha».

En contraposición, el cardenal Gerhard Müller, referente de los sectores más conservadores y crítico de las reformas de Francisco, advirtió sobre el riesgo de un cisma si el cónclave elige a un Papa progresista, polarizando aún más el debate interno de la Iglesia. «La cuestión no es entre conservadores y liberales, sino entre ortodoxia y herejía», declaró el cardenal alemán.

Desde Honduras, el cardenal Óscar Rodríguez Maradiaga, aunque impedido de votar por tener más de 80 años, expresó su esperanza en la unidad del cónclave: «Espero a alguien sencillo y humilde. Un pontífice que socave las luchas de poder dentro de la Iglesia, que siga siendo una referencia para la paz en el mundo». Concluyó con un voto de confianza: «Estoy convencido de que, al final, el sentido común se impondrá. Los cardenales no son personas sin fe».

El mundo observa con atención el inminente cónclave en la Capilla Sixtina, consciente de que la elección del nuevo líder de la Iglesia Católica marcará un rumbo significativo en un momento de profundos desafíos y transformaciones globales.

SOJ