En un emotivo y solemne discurso, marcado por la tristeza y la firmeza, la senadora Isabel Allende Sayers (80) se dirigió por última vez al hemiciclo del Senado. Cinco días después de que el Tribunal Constitucional (TC) dictaminara su destitución a raíz de la polémica compraventa de la casa de su padre, el expresidente Salvador Allende, la histórica parlamentaria socialista alzó su voz para expresar su profundo dolor e incredulidad ante una decisión que considera una «honda injusticia».
Con la voz entrecortada y visiblemente emocionada, Allende, quien ha dedicado décadas a la vida política y al servicio público desde este mismo Congreso, manifestó la dificultad del momento. «Después de décadas compartiendo este espacio democrático, este Parlamento, que ha dado forma a mi destino y vocación de servicio público, me veo hoy en la necesidad y en el deber de hablar en uno de los momentos más duros y difíciles de mi vida. No es fácil dirigirme a ustedes. Probablemente sea mi última intervención en esta Sala», expresó ante la atenta mirada de sus pares.
Si bien Allende anunció su acatamiento al futuro fallo del Tribunal Constitucional, fiel a su convicción democrática, no dudó en señalar la profunda herida que esta resolución le provoca. «En los próximos días se conocerá el fallo del Tribunal Constitucional. Como corresponde en una democracia, este fallo será aceptado. Pero aceptar no significa guardar silencio. Aceptar no significa renunciar a expresar el profundo dolor y la honda injusticia que esta decisión representa (…) estamos ante un fallo que, más allá de su aparente legalidad, vulnera principios elementales de justicia, proporcionalidad y sentido democrático».
Asumiendo su responsabilidad como legisladora de larga trayectoria por no haber tenido presente el artículo 60 de la Constitución, Allende enfatizó su buena fe y la falta de dolo en su actuar. «Sí, reconozco que como parlamentaria de una larga trayectoria debí haber tenido presente el artículo 60 de la Constitución. No rehúyo mi responsabilidad, pero no soy abogada. Jamás he tenido contrato alguno con el Estado, y no tengo y nunca he tenido una empresa, y ante todo actúe confiando en la institucionalidad ¿Se imaginan ustedes que había puesto en riesgo más de 30 años de servicio público, de lucha democrática, si hubiese tenido conciencia de estar infligiendo supuestamente una norma constitucional? ¿Realmente alguien cree que había actuado con dolo, sabiendo que ponía en juego mi historia y mi dignidad política? Confié plenamente en los órganos encargados de llevar adelante la adquisición de la casa familiar”, argumentó con vehemencia.
Allende también contextualizó la fallida compraventa en el marco de la iniciativa del Presidente Gabriel Boric de convertir las casas de los expresidentes Salvador Allende y Patricio Aylwin en casas museo, un proyecto que contó con la aprobación de una partida presupuestaria en el Congreso. La senadora aclaró su nula participación en las instancias legislativas que aprobaron dichos fondos y su tardío conocimiento de la existencia de la partida. «Quiero hacer claro que no solo no estuve en la Subcomisión de Cultura, como tanto no estuve en la ratificación final de la comisión mixta que cierra y aprueba la Ley de Presupuestos. Es más, recién me enteré en enero de 2024 de la existencia de una partida presupuestaria. Desde ahí, actuamos como corresponde siguiendo paso a paso las indicaciones que nos entregó el Gobierno. Quizá mi error fue el no haber consultado más, pero en ningún momento, y quiero repetirlo, en ningún momento, ningún ministerio, ningún funcionario, ninguna autoridad involucrada nos admitió o recordó que existía una posible inactividad constitucional».
El hemiciclo fue testigo del respaldo transversal a la senadora, con la presencia de importantes figuras del Partido Socialista y del gobierno, incluyendo a los ministros Álvaro Elizalde, Carlos Montes, Luis Cordero y Mario Marcel, así como a subsecretarios y diputados de la bancada PS. El ministro de Vivienda, Carlos Montes, al llegar al Congreso, expresó su «dolor» por la decisión del TC y manifestó su esperanza en que «la historia lo clarifique».
El discurso de despedida de Allende se produce en un clima de tensión política, marcado por las críticas hacia Francisca Moya, jefa de la División Jurídica-Legislativa de la Segpres, quien admitió conocer la inhabilidad de Allende y la exministra Maya Fernández al visar el decreto, pero consideró que no era su rol advertir al Presidente. Estas declaraciones han generado un fuerte malestar en el Partido Socialista, con llamados a su renuncia.
Aunque el fallo del Tribunal Constitucional aún no es oficial, la emotiva despedida de Isabel Allende del Senado marca un punto final a una destacada trayectoria política, dejando un sabor amargo y un debate abierto sobre la justicia y la proporcionalidad de la decisión que la aparta del cargo. Su legado de lucha democrática y servicio público resuena con fuerza en el Congreso y en la memoria de quienes han seguido su carrera.
SOJ





