El balance de víctimas del terremoto de magnitud 7,7 que sacudió el centro-norte de Myanmar el viernes pasado ha ascendido a cifras alarmantes. Según el último informe de la junta militar birmana, el número de muertos se eleva a 1.644, con 3.408 heridos y 139 desaparecidos.
Una tragedia que se agrava con el paso de las horas
Las labores de búsqueda y rescate continúan tanto en Myanmar como en la vecina Tailandia, mientras las autoridades y los equipos de emergencia luchan contra el tiempo para encontrar sobrevivientes entre los escombros. La junta militar, que detenta el poder desde el golpe de Estado de 2021, ha declarado el estado de emergencia en seis regiones del país, incluyendo Sagaing, Mandalay y Bago, donde el conflicto armado dificulta aún más las tareas de rescate.
Aislamiento y desesperación en zonas rebeldes
El Movimiento de Desobediencia Civil, surgido tras el golpe militar, ha denunciado el aislamiento de las zonas rebeldes, donde la junta ha cortado el acceso a internet y las comunicaciones. «Sagaing está muy afectada, pero la gente allí no tiene acceso a internet», denunciaron en su cuenta de X. «La situación en Mandalay es muy dura. No sabemos exactamente la cifra de fallecidos, pero Mandalay acoge a muchos desplazados internos de otras regiones. Hay muchos afectados».
Llamado de ayuda internacional
Ante la magnitud del desastre, el Ejército birmano ha realizado un inusual llamado de ayuda internacional, y países como China, India y Rusia han respondido enviando suministros y equipos de rescate.
Un país devastado por la violencia y la incomunicación
La tragedia del terremoto se suma a la ya crítica situación que vive Myanmar, donde el conflicto armado ha desplazado a millones de personas y el régimen militar utiliza los apagones de telecomunicaciones como arma de guerra. La comunidad internacional observa con preocupación la evolución de los acontecimientos y exige el acceso humanitario a todas las zonas afectadas.
SOJ





