A un año del fallecimiento del expresidente Sebastián Piñera, su legado sigue resonando en la derecha chilena. Piñera fue el único mandatario del sector en la historia reciente y luchó incansablemente por la unidad de una derecha que, en su ausencia, parece más fragmentada que nunca. Mientras la izquierda ha sabido alinearse y emerge lentamente el nombre de Michelle Bachelet, la oposición se encuentra atrapada en divisiones internas que debilitan cualquier posibilidad de éxito en la próxima carrera presidencial.
Evelyn Matthei, la apuesta más fuerte de Chile Vamos, ha logrado construir una imagen de liderazgo eficiente y capacidad de gestión, consolidándose como una opción atractiva para el votante de centro. Su estilo frontal para enfrentar temas complejos, la han convertido en una política de peso en el escenario nacional. Pero la exposición prolongada tiene costos y haber arrancado demasiado temprano su campaña política podría generar una erosión en el apoyo popular al momento de las elecciones.
Su camino no es fácil: enfrenta la competencia de José Antonio Kast, líder del Partido Republicano, quien, si bien en la pasada elección presidencial logró posicionarse como una de las figuras más relevantes de la derecha chilena, hoy enfrenta un dilema complejo: la falta de un discurso sólido que logre cautivar nuevamente a los votantes. Su candidatura, que alguna vez se sustentó en la claridad de sus propuestas y en una identidad bien definida, ahora muestra signos de desgaste y confusión ya que no ha logrado reformular su mensaje ni ofrecer una narrativa renovada que lo mantenga como una opción competitiva.
Aún más a la derecha se encuentra Johannes Kaiser, del Partido Nacional Libertario (en formación). Su irrupción en el escenario ha abierto un nuevo flanco en la derecha. Su discurso directo y sin concesiones, le ha permitido captar la atención de un electorado desencantado con las posturas más tradicionales del sector. Sin embargo, su figura también tensiona la unidad y abre interrogantes sobre la viabilidad de un liderazgo tan extremo en un eventual escenario electoral más amplio.
La decisión del Partido Social Cristiano de llevar a cabo una primaria legal con sus parlamentarios para definir su candidato presidencial que estará en la papeleta, refleja y profundiza la creciente fragmentación del espectro político de la derecha y la necesidad de definir liderazgos sólidos que puedan conectar con la ciudadanía.
Sin unidad, la derecha tiene escasas probabilidades de triunfar. Sebastián Piñera comprendió que solo con acuerdos amplios y estrategias conjuntas era posible alcanzar el poder. No basta con la reafirmación de principios o con la diferenciación interna; es imperativo construir una estrategia colectiva y definir un liderazgo capaz de sintetizar las diversas sensibilidades del sector en un solo proyecto político. La izquierda ha entendido que la clave del triunfo es la cohesión, algo que la derecha, en su insistente atomización, no ha logrado aprender.
Javier Bastías Pino
Analista Político
Periodista y Lic. Comunicación Social





