Recuperar las tradiciones culinarias y fortalecer la seguridad alimentaria, las regiones de Ñuble y Biobío, esa es la idea de este ambicioso proyecto que establece en sus objetivos revitalizar el cultivo de legumbres. Con el apoyo de la FAO e INIA, agricultores de las comunas de Ninhue, Ñiquén, San Ignacio y Yumbel se unirán para rescatar variedades ancestrales de porotos, lentejas y chícharos, adaptadas a las condiciones climáticas del secano interior.
La iniciativa busca no solo aumentar la producción de estos alimentos nutritivos, sino también diversificar la oferta gastronómica local y promover prácticas agrícolas más sostenibles. Según Gerardo Tapia, investigador de INIA Quilamapu y coordinador del proyecto, «el déficit hídrico y las condiciones adversas han provocado una pérdida de la diversidad de legumbres, lo que ha afectado la seguridad alimentaria de las comunidades».
¿Por qué son importantes las legumbres?
Las legumbres son una fuente rica en proteínas, fibra y nutrientes esenciales. Además, su cultivo contribuye a mejorar la salud del suelo y a fijar el nitrógeno, lo que reduce la necesidad de fertilizantes químicos. Su capacidad para resistir la sequía las convierte en un cultivo estratégico para enfrentar los desafíos del cambio climático.
¿En qué consiste el proyecto?
El proyecto se centrará en identificar y recuperar variedades antiguas de legumbres que se han perdido con el tiempo. Estas semillas serán evaluadas y multiplicadas para su posterior distribución entre los agricultores participantes. Además, se brindará capacitación en técnicas de cultivo agroecológicas y se promoverá la creación de redes de comercialización.
«Queremos que los agricultores recuperen el orgullo por sus productos y que los consumidores vuelvan a disfrutar de los sabores auténticos de nuestras legumbres», afirmó Tapia.
Un futuro prometedor
Los primeros resultados del proyecto son esperanzadores. Los agricultores involucrados muestran gran entusiasmo y están convencidos de que la recuperación de las legumbres puede mejorar su calidad de vida y la de sus comunidades.
Este proyecto no solo tiene un impacto local, sino que también sienta las bases para una agricultura más sostenible y resiliente en todo el país. Al recuperar las legumbres, estamos recuperando una parte importante de nuestra identidad, de ja historia del campo y de nuestra cultura alimentaria.





