Científicos de la Universidad Carlos III de Madrid (UC3M) y la Universidad Estatal Paulista Júlio de Mesquita Filho (UNESP) de Brasil, analizaron la superficie y las características del cuerpo celeste Apophis en la revista Monthly Notices of the Royal Astronomical Society. El investigador de Bioingeniería Aeroespacial de la UC3M, Gabriel Borderes-Motta, afirmó que a través de un estudio “se llegó a calcular que Apophis tendría un 2% de probabilidades de impactar contra la Tierra”, y señaló que “la colisión no es la única posibilidad en eventos de aproximación como éste”.
El presuntamente bajo porcentaje se debe a que la interacción gravitacional entre un planeta y un cuerpo como Apophis puede cambiar su forma, romperlo en pedazos, desintegrar posibles piedras distribuidas en la superficie del asteroide o, incluso, eliminar otros cuerpos que orbitan alrededor del mismo. La exploración en el ámbito espacial presenta el reto de que, en la mayor parte de las ocasiones, resulta imposible experimentar directamente con los materiales espaciales. Debido a ello es que los numerosos estudios se abordan desde los campos de la matemática y la física, teniendo en cuenta el mayor número posible de variables.
En este sentido, Gabriel Borderes-Motta explicó que “el equipo ha realizado simulaciones numéricas con el fin de predecir cómo reaccionarán las partículas que orbitan el asteroide ante diferentes situaciones, y cómo podrían influir en el comportamiento de Apophis”. Cabe señalar que el asteroide Apophis será visible en uno de los «acontecimientos especiales más raros de la vida», aseveró.
Los expertos utilizaron como muestra un disco de 15 mil partículas de diferentes tamaños en el entorno cercano al planetoide. El primer conjunto de simulaciones fue diseñado considerando sólo la perturbación gravitacional de Apophis en períodos de 24 horas durante 30 años, mientras que el segundo incluyó la perturbación producida por la presión de la radiación solar. En ambos se propusieron tres casos en los que el asteroide tenía diferentes densidades.
“Consideramos un poliedro de 340 metros con una densidad uniforme en tres casos distintos. En cada caso, se partía de una densidad de partículas diferente, de mayor a menor”, especificó Borderes-Motta. A partir de estas representaciones se llegó a la conclusión de que el ángulo de inclinación del cuerpo celeste era mayor en las densidades bajas (4 º) que en las altas (2 º); además, a menor densidad de las partículas y mayor presión de la radiación solar, menos partículas continuaron intactas.





