Un total de 7.991 personas ha registrado desde 2019 nueva identidad de sexo en Chile:  4.906 de femenino a masculino y 3.005 de masculino a femenino

Santiago, Chile - September 08, 2017: a crowded street full of pedestrians in Santiago, Chile

* De acuerdo con antecedentes del Registro Civil, desde la implementación de la ley, 7.911 personas han cambiado su identidad de género. El 27 de noviembre de 2019 entró en vigencia la Ley N° 21.120, que “reconoce y da protección al derecho a la identidad de género». La identidad de género es la convicción personal de ser hombre o mujer, tal como la persona se percibe a sí misma. El problema es que muchas veces esta identidad no coincide con el sexo y nombre que figuran en el acta de inscripción del nacimiento. Para esquivar esta traba legal, muchas personas comenzaron a usar el llamado “nombre social”, que una persona utiliza en razón de su expresión de género y que difiere de su nombre legal.

Desde el 2019 eso ya no es necesario. Ese año entró en vigencia el cuerpo legal, que “reconoce y da protección al derecho a la identidad de género”, que básicamente permite que cualquier chileno cambie su sexo registral si lo desea. La ley ofrece varias garantías: permite que las personas figuren en los registros oficiales con imágenes o fotos que coincidan con su identidad de género. Además obliga al reconocimiento y la protección de la identidad y expresión de género, lo que abarca la manifestación externa del género, como modos de hablar o vestir, modificaciones corporales y formas de comportamiento e interacción social.

También garantiza que las personas sean reconocidas conforme a su identidad de género en instrumentos públicos y privados que acrediten su identidad, como carnés o pasaportes. Una de sus principales virtudes es que las personas trans pudieron actualizar sus documentos legales, y eso -según María José Cumplido, directora ejecutiva de Fundación Iguales- “les ha dado más visibilidad, aceptación y entendimiento de sus derechos entre la población general”. Datos del Registro Civil señalan que desde la implementación de la ley, 7.911 personas han cambiado su identidad de género. De estas, 4.906 han realizado la transición de femenino a masculino y 3.005 lo han hecho de masculino a femenino.

Claudia Moraga Contreras, decana de la Facultad de Derecho de la U. de Tarapacá, explica que la ley asegura la confidencialidad de estos procedimientos de cambios, ya sean administrativos o judiciales, protegiendo los datos sensibles como asuntos privados. Sin embargo, Germán Solís, académico de Derecho en la U. de La Serena, señala que la ley sigue un paradigma binario de sexo/género (hombre/mujer – femenino/masculino). Esto significa que la ley permite identificarse con un género, “pero no contempla la posibilidad de no identificarse con uno o más géneros, dejando fuera explícitamente a las personas no binarias”. Pese a ello, Cumplido dice que la ley ha sido un paso crucial hacia el reconocimiento y la protección de los derechos de las personas trans en Chile, logrando muchos de sus objetivos iniciales, como el acceso al cambio de nombre y género en documentos oficiales, aunque subraya que persisten desafíos, como la falta de sensibilización en algunos sectores y la necesidad de mejorar la implementación de la ley, especialmente en áreas rurales.

En ese sentido, «abogamos por mayor capacitación de manera general para sensibilizar sobre las temáticas trans y mejorar los servicios que brinda actualmente el Registro Civil”, afirma. Cumplido, asimismo, destaca que, a pesar de los avances logrados con la Ley 21.120, aún persisten barreras burocráticas y sociales. “Algunas personas enfrentan demoras y dificultades en los trámites, especialmente en lugares con menor conocimiento de la ley”, señala. En cuanto al acceso a servicios de salud, Cumplido menciona que ha habido mejoras desde la implementación de la ley, con avances en políticas de atención y acompañamiento integral. Sin embargo, subraya la necesidad de que los profesionales de la salud estén mejor capacitados y sensibilizados para atender las necesidades específicas de la comunidad trans. “Aunque hemos avanzado, aún queda camino por recorrer”, señala.