Es la noche esperada por Rodolfo. Combinará su creciente vida universitaria con el trabajo inicial en el negocio familiar. José Alfredo, su carismático hermano, ha hecho de la bohemia porteña, principio y fin de su vida y lleva varios días ausente; urge cubrir su lugar. Es un incierto e inquietante desafío.
La casa permanece silenciosa. Solamente turba su quietud el sonido de una tos persistente, presagio claro de una enfermedad en ciernes. Quien la padece es su hermana Fernanda, ella ocupa el dormitorio contiguo al suyo y se dispone a dormir luego de una agotadora jornada laboral. Antes de hacerlo, se despide de su hermano quien abandona la habitación.
Edificio de construcción antigua y de grandes dimensiones, podría albergar sin dificultad a varias familias. Ubicado en las faldas del Cerro Monjas, en la Avenida Alemania y en el corazón mismo de Valparaíso. El lugar ofrece un amplio dominio de la ciudad y goza de una privilegiada vista al mar. En días despejados y diáfanos la mirada se pierde en el horizonte y puede divisarse las columnas de humo blanco de la Refinería de Ventanas que está a unos sesenta kilómetros en dirección noroeste.
La concurrida Avenida Alemania atraviesa a lo menos doce cerros de los barrios porteños; se origina al final de la Avenida Francia y comienzos del Cerro La Cruz y termina en la Plazuela San Luis y forma parte de lo que se denomina Camino Cintura, que es una ruta de a lo menos cinco kilómetros de extensión, que une a la mayoría de los cerros y culmina en la Avenida Playa Ancha, ubicada en el cerro del mismo nombre en el extremo sur de la ciudad.
Rodolfo al salir, instintivamente eleva la mirada en un gesto de gratitud que le provoca contemplar Valparaíso. Esa sensación permanente que atraviesa su piel siempre le resulta novedosa.
Baja las escalas por la calle Zilleruelo. El viento sopla blandamente su cara; un viento suave y tibio que augura lluvia. Piensa que debe ser lo que la gente llama lluvia mata-pajaritos; Septiembre ya está en sus postrimerías. Atraviesa Bianchi y toma el pasaje La Paz; sigue por calle Dieciocho y divisa el ascensor Monjas, que a esa hora permanece cerrado.
Puede sentir el intenso movimiento que tiene la ciudad. Valparaíso, a diferencia de su vecina Viña del Mar y las demás urbes del interior, despliega una agitada vida nocturna, tanto laboral como de entretención. El puerto está en plena ebullición; los estibadores atiborran los terminales con sus cargas y descargas. Desde el centro de la ciudad emana un penetrante y grato olor a café que despiden las chimeneas de Tres Montes, industria dedicada a elaborar café y alimentos. También se divisan a lo lejos, trabajadores que cambian de turno en Hucke, una empresa dedicada a los confites. Lo mismo ocurre en otros sitios de la ciudad, como en el Barrio Santa Elena, donde la Fábrica Costa produce dulces y chocolates. Y en el sector de Calle Colón, la Compañía Chilena de Tabacos realiza una inusitada actividad y desplaza un gran número de trabajadores. En el plan de la ciudad los restaurantes permanecen abiertos. Más tarde abrirán sus puertas los locales nocturnos.
Comienzan a caer los primeros goterones en la avenida Baquedano. Rodolfo ya está en pleno plan. Camina por avenida Francia y al doblar por Victoria se encuentra con una fila interminable de autos a ambos lados de la calle. Le parece inusual ese despliegue de vehículos que parece llegar más allá de la Plaza O’Higgins.
Llueve intensamente en Valparaíso. La lluvia golpea sin clemencia su rostro, dejando en él un fuerte aroma marino. Pero ya ha llegado a la calle Uruguay; rápidamente ingresa al restaurante. Su hermana Cecilia sonríe al verlo, su cara refleja alivio, podrá relevarla.
El negocio había sido idea de su madre; mujer de carácter y visionaria; hija de padres españoles que se avecindaron en la ciudad argentina de San Juan y de allí pasaron a La Serena, ciudad del norte chileno. Al cabo de un tiempo los inmigrantes, padres de Rosario, hicieron una respetable fortuna. Conoció a Andrés, hijo de españoles navarros y contra la opinión de su familia, que la desheredó, se casaron y se fueron a vivir a Quillota, un pueblo emergente del interior, situado al noreste de Valparaíso. Eran los inicios del siglo. Allí educó con mano de hierro a sus diez hijos. La señora Rosario había visto dotes de comerciante en su hija Cecilia y la persuadió para que se hiciera cargo de la inversión que estaba dispuesta a realizar y había acertado. La idea de establecer un restaurante se materializó y fue un éxito. Desde que se iniciara unos años atrás, el local siempre se observaba con un profuso público y permanecía inalterablemente con sus cortinas levantadas, solamente se producían cambios de turno.
Rodolfo conoce la rutina que hay en el negocio; almuerza en el local algunos días de la semana, después de asistir a clases en la Universidad, situada a pocas cuadras de allí. Pero, esta noche de jueves el ambiente es distinto. El bar igualmente sencillo y acogedor, ya no tiene la calma silenciosa del horario diurno; aparece lleno de movimiento y bullicio. La lluvia al parecer no amilana a los porteños. Las mesas atestadas de clientes con su juego preferido, un dominó, una partida de brisca y un póker que incluye sólo apuestas de consumo.
Una nube de humo se aloja en el techo, haciendo más suave el eco de las voces. La barra igualmente luce completa. Allí se establece un diálogo intenso con los parroquianos y de fondo alguna melodía de la radio o el tocadiscos. Mientras tanto, en el comedor los garzones hacen verdaderas figuras para atender a los clientes. En un rincón, una pareja permanece de pie esperando que se desocupe alguna mesa. Así pasan las horas y parece que se aquieta el ambiente.
Son cerca de las cinco de la mañana. De repente se escucha ruido de mesas en el comedor y un murmullo admirativo. Rodolfo, que está en el bar, se acerca a ver qué es aquel estrépito. Un grupo de varones aparece de pie frente a una mesa, en ademán de ofrecer asiento a varias mujeres que ingresan al local. Se sorprende de la belleza ostensible de las cuatro mujeres jóvenes, en especial, de la más alta del grupo. Imponente, enfundada en un abrigo blanco, que culmina en un gorro que parece coronarla. Una auténtica reina, susurra para sí. Queda embelesado con su hermosura y le parece que el local adquiere un nuevo brillo. En un momento cruza fugazmente la mirada con la de ella y hace una leve reverencia. Ella, imperturbable, sostiene la mirada con amabilidad; sus ojos casi de manera imperceptible escudriñan al joven, pero rápidamente se concentra en sus compañeras.
Rodolfo siente que una especie de corriente eléctrica recorre todo su cuerpo. Pregunta a Segundo, uno de los garzones, quiénes son. -Ella es Monique, joven, una diosa inalcanzable y las demás son sus compañeras de baile. Ella baila y canta en la Boïte ‘La Cárcel’, local que está a la vuelta, pasado Simón Bolívar. Viene acá dos veces por semana; sabe que el lugar es seguro y además puede permanecer tranquilamente con su equipo de baile- Sus compañeras son muy lindas, dice Rodolfo, pero ella, ella parece irreal. Es increíblemente hermosa. -Sí, joven- ¿Se fijó cómo estaba la calle Victoria, llena de autos? Sí, sí, responde Rodolfo. Pues vea usted, van a ver a la señorita Monique y su grupo; ellas actúan a tablero vuelto. La Boite en que trabajan funciona todos los días, excepto los lunes, pero ella trabaja sólo de jueves a sábado. Hoy viene de realizar una función. Pero, ¿de dónde es? ¿Es porteña o foránea? inquiere Rodolfo. Segundo, entusiasmado por agradar a su ocasional patrón, detalla todo lo que sabe de Monique. -Mire joven, nadie conoce realmente toda su historia. Ella es muy silenciosa y conversa sólo con sus compañeras. Se dice que ellas son viñamarinas y parece que de buenas familias y trabajan con la señorita Monique porque es un número estelar; son sólo tres días y ganan muy bien. Seguramente juntan plata para costear sus estudios y así independizarse-
Rodolfo, inevitablemente compara la belleza de Monique con la de sus compañeras de Universidad, incluida la muchacha con quien suele salir. Está deslumbrado, nunca había sentido semejante desasosiego. Queda pensativo largo rato. De repente, siente un sonido de mesas, se acerca y se encuentra con Monique que comienza a abandonar el local. Por un breve momento sus miradas se vuelven a cruzar; Rodolfo intenta una sonrisa y experimenta nuevamente una corriente que estremece su cuerpo. Esta vez cree percibir un dejo de tristeza en sus inquietantes ojos. Ella continúa su marcha, seguida por las otras muchachas; todas se despiden cortésmente. Segundo observa con un aire ladino a su novel patrón y le espeta: -Joven, es muy raro, pero la señorita Monique nunca había abandonado el local por el bar; siempre lo hace por el comedor- Y como quien anuncia un gran acontecimiento, prosigue sus labores con gran satisfacción. Para Rodolfo esa noche rompe cualquier expectativa que se hubiera hecho; se pregunta si volverá a suceder.
Los días sucesivos no fueron como esperaba. Nada turbó la rutina de las noches de esa semana; finalmente, su hermano José Alfredo aparece sonriente como si su ausencia de siete días no se hubiera notado. Cecilia no hace reproche alguno a su hermano por su actitud, por el contrario, siempre lo envuelve con palabras de justificación. Sabe que, a pesar de sus fugas, su hermano es un gran atractivo para el negocio, por su simpatía y cordialidad para atender a los clientes. José Alfredo añadía a esas cualidades una figura esbelta y atlética, debido a largos años dedicados al deporte y a ese par de años consagrados a la agronomía, carrera que abandonó, a pesar de la inminente beca a Alemania que ganaría por su rendimiento. Le pareció irresistible el ofrecimiento de su hermana mayor. Sus escapadas con bailarinas, eran comentario obligado del ambiente nocturno. Rodolfo sonríe por esa especie de condescendencia funcional de Cecilia y recuerda con cariño los consejos de su madre en la etapa escolar sobre la importancia del esfuerzo combinado con la disciplina, para el desarrollo de la personalidad; palabras que transmitía con una gran ternura a todos sus hijos. Sin embargo, igualmente siente alivio, por fin retomará la normalidad de sus clases. El primer semestre había sido muy intenso, pues entró con un atraso de dos meses a la universidad y debió ponerse al día con pruebas y controles. Sólo fue posible salvar la situación porque tuvo la providencial fortuna de contar con el apoyo permanente de sus compañeros más cercanos, quienes lo ayudaron con sus apuntes personales y el estudio en grupo que posibilitaba compartir textos y bibliografía.
El semestre actual ha sido menos intenso, pero de más asignaturas, por tanto, demanda mayor concentración y el tiempo es cada vez más escaso debido a sus compromisos de dirigente estudiantil y de trabajador eventual en el negocio familiar.
Otro inicio de semana y Rodolfo se encuentra recorriendo el mismo trayecto que conduce al Restaurante, pero, su destino es la Universidad. Los primeros rayos de sol asoman tímidamente y acarician las calles porteñas. Se detendrá apenas unos minutos en el negocio. La primera hora de clases se inicia puntualmente a las ocho de la mañana y el profesor cierra la puerta de la sala con exactitud y nadie se atreve a entrar después. Ama esas horas tempraneras, con esa avalancha de escolares y trabajadores bajando los cerros hacia sus lugares de estudio o de trabajo. Calles y avenidas apenas contienen ese mar humano que pareciera nunca acabar. No se perdería por nada del mundo ese rito matinal que ha hecho parte de su vida. De paso saluda a sus hermanos y se encamina en dirección al Mercado Cardonal. El lugar, pulmón y corazón de Valparaíso, de madrugada despliega una actividad febril para satisfacer la demanda de los consumidores. Es una mezcla alucinante de energía humana y olores que irradian la frescura de los productos de la tierra y el mar. Productos voceados en un coro que a los oídos del joven universitario le parecen una melodía cotidiana imperdible.
Puestos de frutas y verduras; de pescados y mariscos. Los pescadores han logrado descubrir una nueva especie marina, la Reineta, pez de carne blanca, que al decir de los que la han probado es una delicia. Se puede apreciar, además productos de todo tipo; venta de gallinas, conejos y huevos traídos de la zona interior. A medida que recorre los diversos puestos, le resulta entrañablemente familiar el saludo de esa gente sencilla y trabajadora, de sonrisa amplia y sin reservas ¡Hola flaquito! ¿Qué tal patroncito? ¡Hola compadrito! ¡No deje de estudiar niño! Esas muestras de afecto que entibian su corazón las devuelve con igual vigor. Llega al segundo piso poblado de puestos de cocinería. Son una tentación irresistible esos lugares que semejan un patio familiar. A esa hora está repleto de gente que toma desayuno, para luego continuar con sus labores diarias. Tendrá que estirar al máximo el tiempo que le queda.
Se detiene en el puesto de la señora Lucía, una mujer de mediana edad, chispeante, de cara sonrosada, de cuerpo macizo y saludable, quien no ha perdido su hermosura y jovialidad. Lo invita a pasar; sabe que el joven escogerá su local y le reserva un espacio que le llenará el gusto. Rodolfo tiene especial predilección por ese puesto que apila sus mesas como si fuera el coche comedor del Tren Expreso que va a Santiago. Lo embriaga esa mezcla de sencillez de campo chileno y la comodidad de la gran ciudad. El té que prepara la señora Lucía es una leyenda al igual que los panes amasados que ella misma hornea y trae de su casa. El tiempo pasa rápido, sin clemencia alguna.
Abandona con una grata sensación el Mercado por calle Yungay. Llega con nuevos bríos a la Universidad. El edificio ocupa una manzana completa y la atraviesan dos avenidas y dos calles. La entrada principal es por Avenida Brasil conocida como la avenida de las palmeras. En el costado norte está la Avenida Argentina, una de las entradas de la ciudad. En el lado este se encuentra la calle Yungay, en cuyo primer piso están los locales comerciales que arrienda la Universidad para beneficio de la institución. Y en la parte sur, está la calle 12 de febrero, cercana al mercado del Barrio Almendral. Además, por el sector poniente de la Universidad y a unos pocos metros se encuentra la Estación Barón, uno de los terminales de trenes de Valparaíso. Desde tempranas horas de la mañana y durante todo el día arriban estudiantes y trabajadores desde las zonas interiores y se dirigen a sus lugares habituales de estudio o trabajo. Estación conocida en todo el país, porque también es la Maestranza más importante de Ferrocarriles junto con la de San Bernardo, localidad situada a unos 25 kilómetros al sur de Santiago. Barón permanece abierta las 24 horas con una rotación ingente de trabajadores. Es el lugar más transitado de la zona.
La Universidad es una construcción de cuatro pisos y data de comienzos de siglo y es de un estilo neo-manierista con clara influencia del manierismo italiano. Es de una arquitectura sólida con formas bellas y funcionales. Es considerado uno de los edificios más representativos de Valparaíso. En el segundo piso hay una hermosa capilla adornada con mosaicos y vitrales y tiene un doble acceso con escalas de mármol.
El Instituto de Filosofía se encuentra en 12 de febrero, una típica calle de adoquines. Sus compañeros y amigos celebran que por fin pueda estar a tiempo completo con ellos; en especial, Sarita, con quien suele compartir horas de estudio y entretención. Ella es de una belleza exuberante, pero serena y de una inteligencia vivaz, siempre resulta una estimulante compañía. Completan el grupo Amalia, una compañera que impresiona tanto por sus cualidades estéticas y personales como por su capacidad académica. Es considerada la más inteligente de su generación; Teodoro, el perspicaz, brillante e irónico vasco, amado por sus amigos y odiado por el resto; a pesar de su baja estatura, irradia una fortaleza que le otorga una gran seguridad. Patricio, en cambio es desgarbado y alto; jugador empedernido de ajedrez, vive soñando con presenciar el partido por el campeonato mundial que disputarán Bobby Fischer, el norteamericano retador y Boris Spassky, el ruso campeón defensor; Anita, es una rubia alta de ojos azules, de origen italiano, inabordable para sus compañeros y quien parece flotar cuando camina por los adoquines de 12 de febrero. Famoso es su pololo, un delgado joven con aire de anciano, que religiosamente va en su búsqueda en una Citroneta y que no la deja ni a sol ni a sombra. Completa el grupo, Manuel, un muchacho de clara inteligencia, prudente y fino de espíritu; Santiaguino que, como tantos otros jóvenes, vive en una Residencial viñamarina. Rodolfo se deja envolver por el ambiente universitario.
Patricio, el inquieto ajedrecista, es amigo de los hermanos Pedro y Sebastián Lozano, compañeros de universidad y con quienes comparte ideas y posturas respecto a lo que acontece en su Casa de Estudios y el país. Les había dicho que se juntaran con Rodolfo para tratar los temas estudiantiles y conversar sobre los aspectos que más les preocupa.
Pedro es un joven espigado, con inquietudes deportivas, políticas y sociales. Oriundo de Valparaíso reside con su familia en Villa Alemana, una pujante comuna del interior de la zona. Su solicitud para ingresar a la Universidad de calle Brasil había sido aceptada, pues venía acompañada de los antecedentes académicos de los tres años que estudió la carrera de Derecho en una universidad capitalina. Su traslado había sido la consecuencia de no poder armonizar sus estudios, con el hecho de militar en el club profesional de fútbol de la Colonia Española. Tenía la esperanza que estando en casa podría solucionar cualquier disyuntiva. Fue una grata noticia para su familia, pues su regreso también beneficiaría a su hermano Sebastián, un robusto y alto joven, que cursaba el primer año de la misma carrera. Pedro tampoco quería abandonar su otro motivo de interés, la política. Le había tocado observar con preocupación lo que sucedía en Santiago; marchas a favor y en contra del gobierno, en un ambiente tenso y proclive a la violencia. Se respiraba un aire enrarecido. En la propia Universidad veía dos mundos en pugna. Los estudiantes comenzaban a polarizarse y los profesores aparecían sin opinión y poca claridad acerca de lo que sucedía. Su cambio a mitad de año lo trajo a una realidad similar en Valparaíso, sólo que los estudiantes porteños parecían sostener sus posiciones sin radicalizarse y compartían sus vivencias universitarias sin confrontaciones mayores o violentas.
La reunión acordada será en el Café Santa Julia, situado en calle Yungay en el primer piso del mismo edificio de la Universidad. Allí llegan los hermanos y todo el grupo de Rodolfo. Hay entendimiento y empatía desde el primer momento. Los temas principales tratados son las elecciones de los centros de alumnos de sus respectivas carreras y la elección de la Federación de Estudiantes. Los hermanos Lozano están muy entusiasmados con el provechoso diálogo, que tiene por finalidad ver el modo de participar de manera responsable en la vida universitaria.
-Nos urge clarificar algunos aspectos que consideramos esenciales para hacer una labor eficaz- dice Pedro. Sería muy conveniente a nuestros propósitos que hubiese algún profesor que nos pueda dar una visión en profundidad sobre lo que sucede en el mundo académico de la Universidad y además tenga claro los problemas que hay en el país. Es necesario también en nuestro análisis, tener presente la importancia que reviste la elección de la Federación de Estudiantes y por lo mismo el peso que tiene para ese fin, el resultado de la elección de los centros de alumnos de las carreras-
-Respecto de lo primero, podemos planificar ir a la próxima reunión del senado académico, que será la semana subsiguiente dice Amalia. Allí hablará don Lucho- ¿Quién es don Lucho?, pregunta Sebastián. -Luis Lugones es profesor nuestro, pero además es el fundador de varias escuelas e institutos de la Universidad, responde Amalia. Si alguien puede tener claridad y ayudarnos en lo que pretendemos hacer, es él- -Ah, y respecto a los otros puntos relativos a las elecciones, dice Manuel, yo conozco a los hermanos Fell; ellos pertenecen al movimiento gremial de la universidad. Este grupo competirá en una de las listas para la federación. Ella está muy al tanto de lo que pasa y es compañera nuestra. Y referente a los centros de alumnos, ahora podemos intercambiar ideas para diseñar estrategias, además de compartir experiencias previas; Amalia nos puede iluminar y guiar; tiene algunas elecciones exitosas a nivel político-
-Pero qué bien. Entonces ¿qué dices Amalia? Pregunta Pedro. -Pienso que es necesario conformar un equipo fuerte con tareas acotadas por subgrupos- señala Amalia.
Después de un extenso diálogo donde hubo reflexiones sobre la universidad y lo que sucede en el país, además de análisis estratégico para enfrentar con eficacia las elecciones, se pudo observar convergencias, disensos y argumentos para defender cada postura. Finalmente logran llegar a acuerdos específicos para enfrentar las elecciones de los centros de alumnos y lineamientos básicos para apoyar a una lista que postule a la federación. Y en esa dinámica, deciden que el equipo estará compuesto por ocho miembros; la tarea es responsabilidad compartida, en vistas a conseguir los objetivos que se han propuesto. Sin embargo, se dividen en dos subgrupos para operar con fluidez. Amalia, Manuel y Teodoro serán los encargados de elaborar textos; establecer un cronograma de actividades puntuales de la campaña y diseñar métodos para llegar a los estudiantes con un mensaje claro del proyecto del grupo. Sebastián, Pedro, Sarita y Rodolfo son los encargados de representar al equipo, en las visitas a las diferentes escuelas y el Senado Académico y apoyar la confección de las listas en los centros de alumnos independientes, cercanos a su ideario. Patricio oficiará de coordinador del equipo. Cada grupo podrá incluir compañeros que los apoyen en sus actividades.
Sebastián no puede dejar de comentar, que en Derecho ya tienen estructurada la lista del centro de alumnos y que a pesar de que es competitiva, pareciera que es una utopía vencer a la lista favorita. Para nosotros también será un desafío mayor, apunta Manuel, Filosofía es reducto izquierdista, nunca ha ganado una lista independiente, pero desafiaremos la tradición.
Han querido dejar un espacio para tratar el tema específico respecto a cómo enfrentarán el posible apoyo al Movimiento Gremial. El más interesado es Teodoro, pues sostiene que el gremialismo comete algunos errores al explicar su pensamiento. El vasco expone sus aprensiones y todos lo escuchan atentamente. El otro aspecto a debatir, es referido a la cuestión de por qué es necesario la existencia de un movimiento, como el gremial, que pareciera replicar la estructura de los partidos políticos. Al final de un acalorado diálogo, acuerdan convenir un encuentro con los gremialistas, para fijar su posición de manera oficial.
La vorágine eleccionaria atrapa por completo a todos los grupos estudiantiles. Veintiocho centros de alumnos de la universidad renuevan directiva. La atención mayor se concentra en las carreras de derecho, ingeniería comercial, agronomía -reducto que la izquierda quiere mantener- y filosofía, donde por vez primera puede ganar una lista independiente. La directiva de la federación de estudiantes presidida por un demócrata cristiano se esfuerza al máximo para que el acto eleccionario se realice de manera expedita y ecuánime. Es, además, una prueba importante para la elección de la Federación de Estudiantes que se desarrollará a fines de noviembre. Esta elección concita no sólo el interés local, sino también nacional. El gobierno mira con especial interés la realidad universitaria. Su deseo manifiesto es que la izquierda recupere la federación que perdió el año anterior. Los estudiantes se preparan para intervenir en la sesión especial del Senado Académico. La directiva de la federación había solicitado dialogar sobre la realidad nacional; las autoridades universitarias, con algunos reparos, accedieron a la petición; para ellos lo importante es la normalidad de las clases.
A pesar de la reticencia de las autoridades, los estudiantes confían en revertir su postura, puesto que la mayoría de los actuales directivos lideraron el proceso de reforma universitaria del año 67 y es un hito en la historia de la universidad. Su actual estructura académica y administrativa se debe precisamente a ese movimiento, donde destacó de manera decisiva la Escuela de Arquitectura. A pesar de haber mantenido institucionalmente la figura del Gran Canciller, el rector es elegido de manera directa y ponderada por todos los estamentos de la Universidad, al igual que las demás autoridades académicas. La Santa Sede ratifica el nombramiento del rector.
— FIN DE LA ENTREGA 1 —



