Sus seres queridos han despedido con profunda congoja a Juan Tapia Escobar, quien dejó este mundo a los 92 años de edad. Su partida se produjo, acompañado por el amor incondicional de sus hijas, yernos, nietos y bisnietos, atendiendo al llamado del Señor tras una vida entera dedicada al trabajo, la familia y seres queridos.
Juan dedicó gran parte de sus años a la industria farmacológica, un rubro donde dejó huella no sólo por su capacidad laboral, sino – y por sobre todo – por su calidad humana. Quienes tuvieron la fortuna de conocerlo coinciden en que fue un hombre absolutamente virtuoso, íntegro, bondadoso, generoso y libre de vicios; un ciudadano ejemplar que guio sus pasos bajo los valores del respeto, la austeridad, el orden, la discreción, la rectitud y la honestidad.
Un ejemplo empírico
El verdadero legado de Juan Tapia Escobar radica en su manera de relacionarse con el mundo. Se le recuerda como un hombre fundamental, recto, horizontal, jamás asimétrico, en su manera de relacionarse con los demás, que miraba a sus pares como si fuera él, con humildad y respeto, tratando de igual a igual a cualquier persona, sin importar condición alguna.
Fue una persona coherente, pues predicó siempre con el ejemplo. A él lo conocieron y valoraron por sus acciones concretas y por el impacto positivo de sus palabras y sus obras.
Se convirtió en un referente, una figura respetada, querida y honrada por su entorno. Para muchos, portaba con naturalidad y sin saberlo, la estampa del pater, el símbolo de lo que significa ser padre, un faro moral y afectivo para las distintas generaciones que crecieron bajo su amparo.
Reencuentro esperado
Su historia de amor terrenal había quedado en pausa hace 14 años, cuando su esposa y única compañera de vida, Anita Sepúlveda Blest, se le adelantó en el camino. Hoy, el dolor de su partida terrenal se alivia con la certeza de la fe: allá arriba, cerca de las estrellas, Juan seguramente ya se ha reunido finalmente con su partner de toda la vida y ahora post vida, pero también se ha congregado con sus cuñados y con los brazos abiertos de su madre, la recordada «Mamita María».
Le sobreviven con orgullo, con cariño y la firme intención de honrar su memoria:
- Su hermana Aurora
- Sus Dos hijas, Patricia y Ximena
- Cinco nietos
- Cuatro bisnietos
- Y más de Nueve sobrinos
Su ausencia deja un enorme vacío que ya se hace patente para todos quienes tuvieron el privilegio de conocerlo, con su gran y recursiva sonrisa y su intachable testimonio de vida.
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